Publicado en la Revista Tesis, del sindicato magisterial, en 1939. Disponible en la hemeroteca del Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista.
En el año de 1741 Federico el Grande escribió: «Yo considero a los hombres como una manada de siervos viviendo sobre los dominios de un gran señor, no teniendo más obligación que poblar, hasta llenarle el parque». Esto escribió y esto necesitaba para hacer sus guerras y extender sus dominios. Las mujeres entonces, además de todos los quehaceres del hogar, labraban la tierra y cuidaban los establos y tenían que procrear abundantemente hijos que después serían inmolados en la guerra para satisfacer las ambiciones de un gran señor.
El fachismo del mundo, al presente, ha hecho retroceder a la mujer en dos siglos de su evolución. Pero, oigamos a la escritora sudamericana María Lacerda de Moura que nos dice: «Para sofocar a la mujer en su despertar para la verdadera vida tratando de despedazar las corrientes que la debilitan desde los albores de la humanidad, era preciso que surgiera la más feroz de las reacciones de que tiene noticias la historia de la humanidad en los últimos siglos …; pero nadie puede más que una libertad conquistada. El fachismo, el nazismo, pasarán, pero la mujer es tenaz, y, una vez despierta nunca más el patriarcado la colocará en la situación degradante de hembra para el placer exclusivo del macho y la procreación inconsciente».
En efecto, el nazismo y el fascismo exigen de la mujer que tenga muchos hijos y que sirva de «alegría al guerrero». Se ha hecho célebre en el mundo el que la mujer debe dedicarse a las tres «kas» que inician en alemán las palabras «casa, cocina y niños»; ¿Es esto posible para todas las mujeres del mundo? ¿Es esto posible cuando sabemos que la mujer no siempre se casa, y que, por otra parte está capacitada intelectualmente para algunas otras tareas y no sólo para las enunciadas antes? ¿Es esto posible cuando sabemos que un gran número de hogares están sostenidos por el trabajo honesto de mujeres fuera del hogar?
Antes de seguir adelante, digamos algunas palabras concretas sobre qué es el fachismo.
Se habla en general del fachismo pero se incluye dentro de esa generalización dos regímenes: el fachismo y el nazismo y se hace una generalización porque aun cuando son diferentes en lo que ellos llaman su «doctrina» en realidad tienen muchos puntos de contacto. Podemos principiar por lo que es la esencia misma de esos regímenes: el esfuerzo desesperado del capitalismo ante el derrumbamiento de la explotación, frente al avance impetuoso de las reivindicaciones humanas.
Esto fué, en último análisis, lo que motivó la aparición del fachismo y del nazismo en el mundo. Pero estos regímenes tienen de común el estar apoyados en una dictadura militar, el estar sostenidos por una intensa represión en contra de las masas trabajadoras, en contra de todo lo que sea revolucionario y progresista y en contra de la evolución de la mujer. Además y esto es muy importante, tienen de común el estar al servicio de las grandes empresas capitalistas y de unos cuantos terratenientes a pesar de la demagogia, de los gritos con que dicen que «están ayudando al pueblo», «al país», etc., etc. El nacionalismo exasperado es otra de las características que los acercan, así como la existencia de dictadores un mucho demagógicos y un mucho también clownescos.
Por último, mencionaremos una característica del nazismo que aún no ostenta el fachismo: el «delirio racista» como atinadamente le llama Camilo Berneri. Sin embargo a últimas fechas Mussolini principia a esgrimir esta característica como la última carta para resolver el problema de los sin trabajo. Pero sobre todo lo que hemos dicho hay que agregar que todo fachismo lleva dentro de sí la guerra como supremo fin del Estado.
El fachismo, llamado así en términos generales, se encuentra instaurado en naciones muy importantes del mundo y países sudamericanos que al yugo del imperialismo agregan dictaduras militares del tipo fachista que tienen a nuestros hermanos del Sur bajo una sangrienta represión.
El fachismo se apoya en el militarismo, en dictaduras militares que principiaron en grupos militares «encamisados» (camisas negras, camisas pardas, guardias de asalto) que ya en el poder fomentan aún más el militarismo, exigen servicio militar obligatorio, y asignan a los ministerios de guerra presupuestos fabulosos en relación por ejemplo con los de educación y previsión social, al grado de que países que teniendo gastos de ejército, policía y justicia por 1,600.000,000 (mil seiscientos millones) de su moneda, tienen presupuestos de educación de sólo 900 millones y hay otro que, teniendo 7,600 millones anuales para la fuerza armada y represión, tiene sólo 3,800 millones dedicados a la educación del pueblo. Todo el dinero del Estado, del pueblo mejor dicho, lo absorben el ejército y las policías porque esos países con dictaduras fachistas crean servicios muy numerosos de policía y elementos de ataque tales como la Z. B. V. (policía especial secreta), la Gestapo (policía secreta del Estado compuesta de 6,000 miembros con poder sobre 54,000 S. S. que son inferiores a aquellos), la Schupo, la O. V. R. A. (cascos de acero, camisas de todos colores), etc., etc.
Nosotros escasamente conocedores de esas cuestiones de ningún modo podemos creer que esos gobiernos pueden ser populares cuando necesitan de una fuerza tan enorme a su derredor y contra el pueblo; porque es estar en contra del pueblo con una represión intensa la existencia de campos de concentración para detenidos políticos, el tener llenas las cárceles de hombres y de mujeres que han osado levantar su voz contra esas dictaduras, y el asesinar y martirizar a hombres, mujeres y niños. He aquí un parte revelador de cómo actúan en estas represiones: «Alipio Vélez y Emilio Onqueta, vecinos de …, fueron detenidos y llevados a la comisaría de vigilancia donde por espacio de 8 horas los apalearon horriblemente cuatro equipos de guardias de asalto que se revelaban por parejas cuando los rendía la fatiga. En estado de inconsciencia los obligaron a firmar una declaración y después los arrojaron debajo de la mesa y se pusieron a jugar a las cartas teniéndolos como alfombra. Estos presos murieron en la cárcel».
Veamos ahora lo que pasa con las mujeres: «La señora S. S. mujer de un asesinado por la policía secreta, fué arrestada. Tenía 27 años de edad, estaba sana, pero después del mal trato recibido está gravemente enferma y a punto de volverse loca. La señora S. T., ex concejal y diputada provincial, de 50 años de edad, fué arrestada y miserablemente maltratada; la golpearon en todo el cuerpo y fué pisoteada por las botas militares. Tuvieron que internarla en el hospital. Por último narraremos un episodio emocionante que cuenta Margarita Nelken, diputada socialista, española, en uno de sus libros: el llamado «Por qué hicimos la revolución». «A los pocos días el hijo Belarmino, de 17 años, fué sacado de la escuela industrial de Gijón donde cursaba sus estudios, por los guardias de asalto, llevado en un camión a las Adoratrices de Oviedo en donde Doval, para obligarlo a declarar el sitio donde se ocultaba su padre, le hizo permanecer más de 30 horas cara a la pared, sujetando a ésta, con la nariz, una moneda de diez céntimos y golpeándolo cada vez que la dejaba caer. Esto no cesó sino cuando el muchacho se desplomó sin conocimiento. Al enterarse la madre de su detención se lanzó en su busca, pero en ningún sitio quisieron darle razón del paradero de su hijo. Cuando por fin logró saberlo le llevó alimentos que los guardias tomaron para ellos, dejando al niño hambriento.»
Como estos, son millares los casos de represión en los países fachistas.
El fachismo está en contra de la evolución social de la mujer y no es esto todo, sino que como ya dijimos al principio de esta plática la ha llevado atrás en dos siglos, la ha retrotraído a la Edad Media Véase por qué:
La economía fachista, en desastre, tiene varios millones de hombres sin trabajo y creyó resolver la crisis de la desocupación eliminando a la mujer de las actividades públicas y de los empleos en las oficinas así como de las profesiones liberales y ordenó que la mujer se dedicara única y exclusivamente a la casa, a la cocina y a los niños, es decir, a la procreación, premiando a los matrimonios con numerosos hijos. También se hicieron los matrimonios en masa: cientos de hombres con cientos de mujeres a las cuales se les obsequió una pequeña cantidad de dinero.
Me voy a permitir citar aquí algunos párrafos de un artículo que bajo el título de «DEGRADACION DE LA MUJER» publicó hace tiempo el periódico «El Nacional» órgano del P. R. M. y que considero de mucha importancia: «Muy pocas personas conocen la sorprendente degradación que en el estado legal sufre la mujer bajo el fachismo. El Código Penal de 1929, compilado después del tratado Luterano y el concordato, y los reglamentos correspondientes expedidos conjuntamente por la Iglesia y el Estado colocan a la mujer en posición de extrema inferioridad legal con respecto al hombre en todas sus relaciones afectadas por la ley y empeora su situación en todos los aspectos. La edad mínima para el matrimonio que había sido de 15 años para la mujer y 18 para el hombre, se redujo a 14 para la mujer y 18 para el hombre; lo cual es un paso retrógrado deplorable que es tanto más lamentable debido a la posición indefensa legal de las jovencitas que son así lanzadas prematuramente al matrimonio. Si una esposa, quizá alguna de esas esposas-niñas de 14 años de edad, amenazada de ser golpeada por el marido huye del domicilio conyugal, la policía está autorizada para buscarla, hacerla regresar por la fuerza quedando sujeta a un año de prisión o multa. El marido no tiene sanción alguna: es libre de dirigirse al lugar que le plazca».
He aquí la opinión del dictador Mussolini: «Las mujeres deben obedecer, mi opinión sobre el papel de la mujer en el Estado, es opuesto al feminismo. Si diera yo el voto a la mujer, el pueblo se reiría de mí; en un Estado como el nuestro, la mujer no debe contar.» No hacemos comentarios.
Y la opinión de Franco el traidor a España, que por boca del jefe de los falangistas Antonio Carrasco, dice: «La mujer española no es otra cosa que mujer, y por tanto madre … Ya no más la artificiosa importancia política que le fué atribuída anteriormente sino el ritmo usual, dulce en su monotonía, de la mujer compañera del hombre …. La mujer tiene en España la misión más bella: la de hacer felices a los hombres que combaten, trabajan, marchan. La misión más alta: la maternidad.» Se ve claramente cómo las declaraciones de Franco corresponden a las de Hitler y a las de Mussolini que consideran a la mujer como un simple elemento de producción de hijos y de instrumentos del hombre.
En Italia las mujeres son tratadas muy duramente, no así los hombres a quienes se les concede un poder patriarcal sobre la mujer, la hermana y la hija. Pero todavía encontramos en ese artículo a que nos referimos anteriormente algo que vamos a consignar aquí: «Había muchas mujeres en las curules nacionales, en Alemania, en los departamentos provinciales, estas mujeres fueron excluidas de todos los cargos de elección popular. Un movimiento tenaz y definitivo fué iniciado desde luego para excluir a la mujer de toda ocupación en las oficinas gubernamentales, consejos locales, hospitales y hasta donde fué posible de las escuelas. Entre las mujeres eliminadas se encuentran las mismas gentes que desde la revolución de 1918 crearon los departamentos gubernamentales dedicados a la protección de la infancia y a la educación de mujeres y niños. No entra aquí cuestión de raza o de política: las mujeres son excluidas porque son mujeres. Durante 25 años la mujer tuvo derecho a ser admitida en las Universidades y de ejercer diferentes profesiones, en la actualidad sólo al 10 por ciento de las que se matriculan se les permite entrar en la Universidad; más aún: a todas, excepto el 10 por ciento de aquellas a quienes se permite la entrada a la Universidad, les está absolutamente prohibido ejercer la profesión para la que han estudiado. Los estudios científicos quedan rigurosamente reservados al hombre y en el magisterio la mujer sólo es admitida en cargos inferiores. Las mujeres que antiguamente eran empleadas en trabajos profesionales o desempeñaban cargos de responsabilidad y que requerían pericia, dentro del gobierno se han visto obligadas a trabajar la tierra y dedicarse a otros trabajos corporales pesados. La civilización durante muchas generaciones ha realizado un progreso firme en la eliminación de la mujer de las labores agrícolas. Pero bajo el régimen nazi se obliga a muchas mujeres intelectuales a esa labor bajo condiciones que mucho recuerdan la esclavitud. Las mujeres desocupadas son llevadas a los campamentos y a los campos de concentración en donde se dedican a la limpieza general, al lavado y recocido de ropa y deben asumir todo el trabajo de la casa, el establo, el jardín y el campo sin dejar por ello de asistir a las conferencias sobre su doctrina’ después de trabajar de 10 a 20 hs. sin recibir compensación alguna, excepto la mala alimentación, y apiñadas en graneros y bodegas, durmiendo sobre colchones de paja, tienen vida miserable y están sujetas a una disciplina de hierro y a castigos durísimos. Para las jóvenes de 17 a 21 años, el trabajo es obligatorio, lo que equivale al servicio militar para varones. Algunas son reunidas en campos de concentración, tanto para que desempeñen las labores domésticas como para que cooperen en lo que puedan a los trabajos militares; otras son sorteadas y obligadas a desempeñar trabajos domésticos. Así es cómo las mujeres, bajo las modernas dictaduras fachistas sufren una sujeción más profunda que aquella de la que se emanciparon tras un largo siglo de valientes y dolorosos esfuerzos!»‘
Hasta aquí el artículo de «El Nacional» condensado el de «The Hubgert Journal» de Londres, por el señor Salvador Duhart M: Nosotras no hacemos comentarios, dejamos que cada una de ustedes y que los hombres que nos leen también, mediten sobre la injusticia a que se somete a la mujer.
No vamos a hablar de la economía fachista, que no ha resuelto nada, que sólo resolvió la manera de «socializar las pérdidas del capitalismo», haciendo que todo el pueblo las lleve sobre sus espaldas, mediante reducción de salarios, pero forzoso, impuestos sobre todo, etc., porque eso requiere un estudio profundo y prolongado, pero quede nuestra afirmación rotunda de que el fachismo no ha mejorado la situación social y económica del pueblo. Es aparente el resurgimiento de los pueblos que sufren esos regímenes y es necesario distinguir bien lo que es simple oropel y fanfarronería y lo que hay en el fondo: opresión, miseria, hambre. Si dedicaremos algunas palabras al delirio racista, a la ingenuidad de los hombres de los ojos azules y pelo rubio que piensan que su raza es superior a todas las demás, cuando resulta que en su misma nación sólo un 31.8 por ciento tiene esas características, mientras el 14.1 por ciento está constituído por individuos morenos de cabellos oscuros y ojos negros y el 51.1 por ciento son tipos mixtos. También es interesante consignar algo que se ha prestado a graciosas caricaturas: el que los dirigentes de estas campañas pro-raza pura sean gordos, chaparros, de ojos negros y pelo oscuro!
También alcanza esta campaña racista a las mujeres, no permitiéndose a ninguna mujer blanca casarse con individuos de «sangre impura» y a la joven que, enamorada, se entrega a algún ser «despreciable» se le escarnece, se le trata de prostituta y, por último, se le pasea por las calles para mofa del populacho y escarnio de la civilización.
Pero de las razas, la más despreciable, más aún que la raza negra o que la raza amarilla, dicen los racistas es la judía, y dan los caracteres de esta raza para que pueda ser reconocida hasta por los niños de escuela. Se dice que los hebreos tienen nariz aguileña, pero por las investigaciones estadísticas se sabe que sólo el 13 o el 14 por ciento tienen ese tipo de nariz y que el 86 por ciento tienen nariz griega. Se dice que apestan muy feo, pero un sabio japonés, Adaki, dice a su vez que los japoneses no toleran el olor de las razas blancas, por desagradable. Pero todas esas teorías racistas basadas en un señor Gobineau escritor francés que se decía descendiente de los Vikings a pesar de ser moreno, flaco y chaparro, desarrolladas hasta la locura por los gobiernos fachistas, sirven solamente para desviar al pueblo de sus verdaderos problemas y para tratar de consolarlo de sus grandes miserias haciéndolo creer que desciende de nobles y que pertenece a una raza superior, predestinada, si se conserva pura, a dominar al mundo.
En México, un ex general, Nicolás Rodríguez, trató de orientar al país hacia el fachismo, rompiendo huelgas, asesinando obreros y declarando una campaña antijudía, basándose en un falso nacionalismo que sólo atacaba a los judíos pobres vendemedias; pero esta campaña racista en México suena hueco porque ¿Qué raza declaran superior en nuestro país? ¿Las autóctonas? ¿El mestizaje? ¿Los negroides de nuestras costas veracruzanas y de Acapulco? Lo que sucede es que este individuo como sus secuaces los «camisas doradas» y por último el traidor Cedillo, levantado en armas al servicio del fachismo alemán e italiano y posiblemente del imperialismo inglés, reciben las órdenes en ese sentido y las ejecutan sin pensar que tendrán que eliminarse ellos en primer lugar, pues es increíble que el adefesio de Cedillo pudiera tener en ningún lugar sangre aria para propagar esas ideas. Pero sobre todas las características del fachismo, está la guerra.
El fachismo es la guerra y la mejor demostración de eso son las agresiones brutales que sufren España y China desde hace tiempo, pero es la guerra no contra los ejércitos y las bases militares sino contra las poblaciones civiles, contra las mujeres y los niños, contra los ancianos y los hospitales tal y como la llevan a la práctica las huestes de Franco ayudadas por italianos y alemanes que invaden a España y cómo la realizan los japoneses sobre el heroico pueblo chino. Ya en México el traidor Cedillo puso su marca de fachista lanzando tres bombas sobre San Luis Potosí que por fortuna cayeron en un campo de aviación alejadas, por el viento, de sus objetivos que, indudablemente, eran escuelas, hospitales y barrios populares.
El movimiento infidente encabezado por el traidor a la patria, Saturnino Cedillo, estuvo fomentado por los fachismos alemán e italiano, pues espías internacionales tuvieron conferencias con él, encontrando al hombre execrable que por su falta de amor a la patria, que por su inmundicia moral pudiera rebelarse contra las instituciones y contra el gobierno legalmente constituído y respaldado por todo el pueblo de México en este momento en que por la expropiación de las compañías petroleras la Patria necesita de todos y cada uno de sus hijos para su recuperación económica, y sin duda que las compañías petroleras con su afán imperialista cooperaron en un contubernio infernal a fomentar la rebelión. Afortunadamente el pueblo de México no se encuentra tan atrasado políticamente para no comprender los fines pérfidos y de verdadero Judas de Cedillo que trató de entregar a la Patria en manos de extranjeros, para que por un momento hubiera podido ser un problema el brote infidente localizado en San Luis Potosí, gracias al valor del señor general Lázaro Cárdenas que fué al mismo foco de putrefacción cedillista para aplastarlo en su principio. Afortunadamente también, en el pueblo de México, amigo de la libertad y de la democracia, no pueden prender ideas de esclavitud y de vasallaje. Y afortunadamente también la mujer mexicana, despierta ante los problemas de la patria y con un amor abnegado y sin límites por ella, (cosa que ha demostrado acudiendo al llamado de la esposa del Presidente de la República, para la redención económica de México), no permitirá ni por un momento que traidores a la patria puedan vivir sobre nuestro suelo, y sobre todo ¡NINGUNA MUJER MEXICANA QUE SEPA LO QUE ES EL FACHISMO Y LO QUE LA HUMILLA Y EXPLOTA PERMITIRÁ QUE ESTE SE IMPLANTE EN NUESTRA PATRIA!