Héctor Hernán Díaz Guevara1
Atrapadas dentro de un falso dilema entre libertades individuales y bienestar económico las izquierdas en Europa y Estados Unidos parecieran haber perdido parte de su capacidad de movilización, en contraste las nuevas derechas muy hábilmente han sabido reorganizarse para ofrecer una idea de futuro que, buscando volver a las sociedades de mediados del siglo pasado, proponen un futuro jerárquico y culturalmente homogéneo como solución a los problemas del presente, pues para las nuevas derechas el fomento de libertades individuales y la heterogeneidad cultural son los cimientos de la crisis generalizada, de la decadencia de la sociedad. Esta capacidad de manifestar críticas al orden ha ido dirigida contra las minorías —políticas, raciales y sexuales— sin el menor empacho en explicar cómo un grupo de sectores marginados de la sociedad se las han arreglado para imponer su agenda a los gobiernos, objetivos que han reunido en torno a una supuesta agenda “woke”; en la crítica a este consenso las nuevas derechas construyen su desobediencia frente al statu quo occidental.
En este ensayo nos centraremos en estudiar dicho retorno al pasado como solución nostálgica a los problemas del presente por parte de las nuevas derechas como ejercicio de movilización política. Sin embargo, si bien nos ocuparemos de estos grupos en general no entraremos en matices de lo que significa ser de derecha hoy por hoy ni en desarrollar sus planteamientos, solo nos limitaremos a enmarcar a estos grupos como herederos de la nueva derecha de Alain Benoist cuya característica principal es que aspiran a lograr lo que en términos gramscianos entenderíamos como hegemonía cultural (Mouffe & Turner, 1981); es decir, nos centraremos en las razones de las nuevas derechas para leer la historia en clave nostálgica y cómo esta es usada para disputar la hegemonía cultural “woke”, discurso sobre el que han llegado —como señala Stefanoni (2021)— a disputarle a “la izquierda la capacidad de indignarse frente a la realidad y de proponer vías para transformarla.”
La lectura sombría que las nuevas derechas realizan del presente contrasta con la visión idealizada que presentan del pasado, que no solo es presentado de forma heróica, sino con una serie de características que le permiten aparecer como un lugar seguro para que sus simpatizantes puedan desarrollar allí tal y como sus antepasados una idea de “ nación, una identidad y una comunidad” (Elgenius & Rydgren, 2022: 1231). Este retorno a esa identidad que ha sido abandonada por décadas de globalismo a parecer de las nuevas derechas permitirá establecer un retorno a la autenticidad de una comunidad primigenia; para nuestro caso significa que el problema de la nostalgia guarda una estrecha relación con lo que las nuevas derechas consideran parte de su esencia.
Algunos grupos de las nuevas derechas, por ejemplo, los reunidos en torno al movimiento Make America Great Again (MAGA), han ubicado este periodo dorado de la nación en la década de 1950 —en la que Donald Trump pasó su infancia— época que es presentada como un ejemplo de sociedad bienvivida, donde la madre se quedaba mayoritariamente en casa y había un ambiente de solidaridad vecinal, de comunidad en donde los valores verdaderamente americanos.
Sin embargo, de forma habilidosa dentro de la construcción de su relato nostálgico, las nuevas derechas han sabido desligar el bienestar social del buen rendimiento de la economía que cobijó a la generación de postguerra en occidente, ese que fue descrito por Hobsbawm (1999) como los años dorados del capitalismo, omitiendo que el bienestar de la época se debía en buena parte a los buenos salarios, las altas tasas de sindicalización y a la pobreza en mínimos históricos. Todo ello era el pilar del bienestar y el ambiente de comunidad que se respiraba y en su lugar han buscado recuperar una serie de valores de una sociedad que no conocía la segunda ola del feminismo ni las luchas por los derechos civiles, que si bien eran luchas que habían sido dadas por generaciones fue hasta la década de 1960 que se convirtieron en una prioridad nacional; de allí que en los Estados Unidos la reconstrucción nostálgica se fije en la década de 1950 y se quiera presentar como un periodo dominado por estructuras jerárquicas y roles de género definidos, tal y como la narrativa MAGA quiere hacer creer (Day, 2025; Fischer, 2025)
En últimas, el término nostalgia —que refiere al sentimiento de tristeza por el recuerdo de un lugar o un momento perdido— la derecha lo ha instrumentalizado dirigiéndolo hacia el orden moral al diseccionarlo cuidadosamente para separarlo de las conquistas sociales.
Sin embargo, hay un elemento disonante dentro de los militantes y simpatizantes de esta derecha y es que los nostálgicos del pasado no son tanto personas mayores sino que son los jóvenes, principalmente los hombres menores de treinta años, los que conforman el grupo ascendente dentro de estas organizaciones políticas. En España en sondeos realizados por el diario El País en 2025 señalan que cuatro de cada diez menores de veinticuatro años elegiría a Vox, la opción más a la derecha del talón electoral, este es un porcentaje que duplica al número de las mujeres pues en este grupo solo dos de cada diez votaría a este partido2; mientras tanto, en Estados Unidos en las elecciones de noviembre de 2024 más de la mitad de hombres jóvenes votaron al candidato republicano —incluyendo latinos— mientras que entre las mujeres de la misma franja de edad el porcentaje estuvo en cuatro de cada diez3.
La derecha pareciera que de forma incontestable ha logrado seducir en países del mundo occidental a los hombres jóvenes, pues cifras similares se pueden obtener revisando los resultados de La Libertad Avanza, en Argentina; de Agrupación Nacional en Francia o de Alternativa para Alemania. En todos estos casos hay una retórica sobre el pasado que tiende a mostrar un tiempo perecedero mejor, ya sea con la nostalgia imperial de la que se crea un arco que cierra con la dictadura franquista en el caso de Vox; o del regreso a la Argentina potencia mundial de principios del siglo pasado —como lo es el caso de Milei— que buscan inexorablemente construir un relato donde la homogeneidad aparece asociada a la grandeza y la riqueza; y encuentran al igual que el movimiento MAGA su némesis en el orden liberal.
En nuestro caso puede ofrecer una explicación a esta seducción que ofrece el relato de las nuevas derechas a los hombres en tanto el cambio cultural de las últimas décadas les ha arrebatado espacios de privilegio para incluir en ellos a la otra mitad de la humanidad, pero que ofrece consuelo pensando en una época donde el mundo era un lugar que guardaba privilegios al sexo masculino.
No obstante, la lectura nostálgica del pasado ofrecida por las nuevas derechas no solo es reflejo de una reacción contra el feminismo, pues al final de cuentas los jóvenes en occidente nacieron en contextos posteriores a la irrupción masiva de las mujeres en la esfera pública, por lo que difícilmente se pueden sentir desplazados de posiciones de poder que al final de cuentas no perdieron en favor de las mujeres —como sí las perdieron sus padres y abuelos— por lo que debe haber otras explicaciones, pues si bien son más los hombres que las mujeres quienes votan a las nuevas derechas sigue habiendo un porcentaje muy alto de mujeres no solo entre los simpatizantes de estas organizaciones, sino que cuentan con una fuerte presencia dentro de sus estructuras jerárquicas4.
El que los hombres jóvenes se sienten atraídos por relatos nostálgicos acerca de las décadas doradas del capitalismo o del franquismo no deja de llamar la atención en tanto que el retorno a los años dorados manifiesta el deseo de vivir una juventud que no es la suya sino, a lo sumo, a la de sus padres o inclusive de sus abuelos. El sentimiento de nostalgia por algo que no se vivió el escritor John Koenig lo conceptualizó hace pocos años como anemoia —bella expresión formada por dos palabras griegas ánemos (viento) y nóos (mente)— que contemporiza con el anhelo de vivir en un tiempo pasado; más simple si se quiere.
Y es de este modo las décadas de 1980 o 1950 se convierten dentro de este relato en refugios imaginarios donde unas sociedades supuestamente homogéneas étnica y culturalmente, con valores morales definidos, roles de género establecidos y confianza en la comunidad permitía desarrollarse de forma integral a los sujetos en sociedad (Elgenius & Rydgren, 2022).
En un contexto de crisis económica generalizada donde se ha hecho popular la idea de que los jóvenes hoy serán los primeros en la historia que van a vivir peor que sus padres y donde las soluciones ofrecidas por el orden liberal no tienen una gran incidencia en sus condiciones materiales, la nostalgia ofrecida por las nuevas derechas ofrece al final de cuentas un sentimiento de comunidad imaginada fundada en el pasado donde pareciera que se vivía mejor. Es a este sentido común al que interpelan las nuevas derechas.
Recordemos a Benoist y su lectura gramsciana, pues el filósofo marxista no se limita a señalar la necesidad de romper la hegemonía cultural, sino que era consciente de que toda organización política que aspirara seriamente al poder debía hacerlo desde la construcción de un nuevo sentido común que interpele a las masas; es en torno a la construcción de un nuevo sentido común donde opera la nostalgia y desde allí llama a la movilización para volver al orden de cosas que sostenía aquella máxima del capitalismo de que “si trabajas duro tus hijos vivirían mejor que tú.” Al final, lo que en los términos de este ensayo permite explicar el éxito de las nuevas derechas es el interés legítimo de los jóvenes por pertenecer a una comunidad que garantice las condiciones materiales de su subsistencia; es para Meagan Day (2025) el deseo por regresar a la sociedad anterior al neoliberalismo.
El problema más notorio que ello conlleva es que no es que las nuevas derechas sean otra expresión encubierta del neoliberalismo pues, muchas de estas organizaciones son abiertamente antiglobalistas; el problema fundamental es que el regreso al mundo anterior al neoliberalismo no es posible ni en términos económicos ni políticamente5. Es por ello que las soluciones dadas por las nuevas derechas terminan siendo, en los términos señalados por Luis Villoro, una salida inauténtica que es lo que surge cuando se buscan en el pasado soluciones que no se corresponden con las necesidades del presente (Villoro, 1998).
Lo anterior no quiere decir que la construcción de una sociedad donde haya cabida a la comunidad esté imposibilitada pero quizá el camino para su construcción pase por superar las salidas en falso de los dilemas erróneos del liberalismo, que pareciera querer compensar el deterioro de las condiciones de vida con avances en derechos, con lo que pareciera presentar como imposible conciliar las mejoras materiales en la vida de las personas con una agenda de derechos. Pero para poder solventar este escollo primero hay que reconocer que este falso dilema ha terminado por alinear en occidente a buena parte de los obreros, campesinos, migrantes y juventudes —que eran los votantes históricos de las izquierdas— del lado de las nuevas derechas.
Bibliografía citada
Day, M. (2025, May 21). Los reaccionarios explotan la nostalgia económica (Florencia Oroz, Trans.). Jacobin. https://jacobinlat.com/2025/05/los-reaccionarios-explotan-la-nostalgia-economica/
Díaz Guevara, H. H. (2024). El fin del neoliberalismo y la génesis de una segunda Guerra Fría: una breve historia del papel de la nostalgia en la construcción de un nuevo orden mundial (2014-2024). Revista de Estudios Globales. Análisis Histórico y Cambio Social, 4(7). https://doi.org/10.6018/reg.648721
Elgenius, G., & Rydgren, J. (2022). Nationalism and the Politics of Nostalgia. Sociological Forum, 37(S1), 1230–1243. https://doi.org/10.1111/socf.12836
Fischer, C. (2025, June 28). Why MAGA Loves the 1950s. The Dispatch; Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/poq/nfae054
Hobsbawm, E. (1999). Historia del siglo XX. Crítica.
Mouffe, C., & Turner, G. (1981). Democracia y nueva derecha. In Source: Revista Mexicana de Sociología (Vol. 43). https://www.jstor.org/stable/3539940
Stefanoni, P. (2021). ¿La rebeldía se volvió de derecha? Cómo el antiprogresismo y la anticorrección política están construyendo un nuevo sentido común (y por qué la izquierda debería tomarlos en serio). https://doi.org/10.15517/dre.v23i1.48792
Villoro, L. (1998). Sobre la identidad de los pueblos. In Estado plural, pluralidad de culturas (pp. 63–78). UNAM/ Paidós.
- Investigador posdoctoral de la SECIHTI en el Centro de Estudios China-México de la UNAM, profesor de Historia de las Relaciones Internacionales en la FCPyS-UNAM e Investigador Nacional SNII-1. Es investigador del Seminario Permanente sobre las Derechas en México del INAH. ↩︎
- Véase: https://elpais.com/espana/2025-09-14/quienes-son-los-nuevos-votantes-de-vox-datos-por-edad-sexo-y-clase-social.html ↩︎
- Véase: https://www.americansurveycenter.org/newsletter/2024-election-edition-young-men-swing-toward-trump/ ↩︎
- Sin ir más lejos, algunos de los rostros más visibles de las nuevas derechas europeas son Giorgia Meloni, en Italia; Marine Le Pen, en Francia; y Alice Weidel, en Alemania, quien además es lesbiana y está casada con una mujer migrante racializada. ↩︎
- Las condiciones de la crisis climática impedirían el fomento de una industria pesada basada en combustibles fósiles y su recambio ecológico no solo ha resultado en un lastre para la economía sino que quedó en manos de China; el colapso demográfico anula no solo la posibilidad de recluta de mano de obra masiva sino que pone en entre dicho tan siquiera la seguridad del pago de las pensiones; la desindustrialización en favor de la especulación financiera; estos son solo algunos de los elementos que impiden el retorno a la década dorada del capitalismo a lo que se suma que China —a diferencia del rival geopolítico de los cincuenta— acumula tasas de crecimiento superlativas durante décadas y se ha puesto en la cabeza de áreas científicas y tecnológicas bastas y ha construido su riqueza no sobre el aislamiento, como lo hizo la Unión Soviética, sino sobre la base del libre comercio. El retorno a la década de los cincuenta, continuando con la analogía de la Guerra Fría, dejaría a occidente no como el bando ganador sino —en palabras de Nial Fergusson— como el perdedor, encontrando más semejanzas entre la URSS y los Estados Unidos, que con China. Sobre el uso de la nostalgia para leer el escenario político contemporáneo véase (Díaz Guevara, 2024). ↩︎