RESUMEN
El neofascismo se ha consolidado como una nueva forma política en esta época histórica de decadencia capitalista. Su persistencia y el apoyo entusiasta de las masas, incluida gran parte de la clase trabajadora, invitan a reflexionar sobre el intento de analizar las articulaciones y estrategias de estos actores neofascistas, así como a comprender el éxito de su difusión, principalmente a través de teorías conspirativas, como el conspiracionismo del “marxismo cultural”, una reinterpretación exitosa del “bolchevismo cultural”. Así, el objetivo de este estudio fue demostrar el proceso de fascistización propiciado por el conspiracionismo del “marxismo cultural” durante los encuentros de la CPAC (Conservative Political Action Conference) que tuvieron lugar en julio de 2024 en Brasil. Se observó que el “marxismo cultural” se presenta en 4 dimensiones —Guerra Cultural, Guerra Espiritual, Guerra Lingüística y Guerra Racial— siendo ampliamente difundido entre las masas con el objetivo de establecer una nueva política neofascista.
Palabras clave: Economía Política, Neofascismo latinoamericano, CPAC, etnografía crítica.
CONTEXTO GENERAL
Debemos vociferar contra el retorno del fascismo con cierta prudencia, para no oscurecer su verdadero tono de amenaza en contra de la clase trabajadora. No porque no creemos en su perversidad contra los trabajadores, sino porque tenemos una profunda comprensión de que este fascismo de ‘nuevo tipo’ ya ha penetrado en todas las camadas de las relaciones sociales en la coyuntura del capitalismo contemporáneo. Este trabajo reaviva la reflexión de que el fascismo siempre ha estado al acecho, a veces más en los márgenes, a veces más al centro de la personalización ideológica de las masas y de la estrategia económica y política de la clase dominante. Así, aquí se defiende que el fascismo es siempre una posibilidad política intrínseca al modo de producción capitalista, que opera en medio de las crisis estructurales y que, para ser bien comprendido, necesita de un análisis histórico-crítico de las relaciones a nivel mundial.
La larga recesión capitalista, caracterizada como una ‘crisis triple’ — económica, ecológica y geopolítica — profundiza aún más las contradicciones del modo de producción en el sistema vigente al mismo tiempo que acentúa la desigualdad social en la medida que se intensifica la lucha de clases.
Pero tras su ascenso a nuestros ojos, ¿cómo se mantiene este neofascismo? ¿De qué forma esta apropiación de la percepción del mundo se sostiene? y, aún más preocupante, ¿cómo se disemina? Además de señalar el ascenso del neofascismo, debemos comprender también que este se mantiene y se fortifica entre los trabajadores a través del discurso y de la propaganda bajo un proceso de fascistización continuo. La extrema derecha ha conducido y conduce magistralmente retóricas conspiracionistas para atraer a la clase trabajadora en la pretensión de hacerla adherir al fascismo. En realidad, hasta el momento, la clase trabajadora más politizada a la izquierda no ha sido capaz de detener su avance, ni entenderlo conceptualmente. Los acontecimientos del 8 de enero de 2023 en Brasil, cuando grupos bolsonaristas invadieron y destrozaron las sedes que representan a los tres poderes del Estado brasileño, confirman que las narrativas diseminadas en las redes sociales, a través de Facebook, X, WhatsApp, Telegram, etc., no se limitaron solo a los excesos y divagaciones de estos grupos organizados. Hablamos aquí de grupos que se alimentan de teorías conspirativas fuertemente arraigadas en el ideario social de estos colectivos y que sirven de ‘combustible’ ideológico para las acciones concretas y con un inconmensurable apoyo de las masas. Si bien es cierto que las teorías conspirativas son narrativas mentirosas y paranoicas, también es cierto que, para la mitad de Brasil, estas se aceptan en cuanto realidad.
Una característica esencial de los conspiracionismos es no admitir que los descubrimientos de las investigaciones se produjeron a partir de los estudios de los científicos de manera controlada, ética y, principalmente, independiente, sino que forman parte de una conspiración compleja y secreta. Existe también una variante argumentativa muy sutil pero frecuente en las teorías conspirativas, que es el inversionismo, es decir, invertir el proceso de relación causal en el cual la ‘causa’ se convierte en ‘consecuencia’ y viceversa.
Entre esta profusión de teorías conspirativas, una de ellas ha sido frecuentemente vociferada en el mundo y, especialmente, en Brasil en tiempos de neofascismo: el “marxismo cultural”. Este conspiracionismo designa un conjunto de estrategias que supuestamente habría sido desarrollado por la Escuela de Frankfurt y puesto en práctica por la izquierda mundial, con el objetivo de destruir la cultura occidental. Para comprender enteramente el “marxismo cultural”, es necesario explorar los caminos históricos que posibilitaron que ganara una conformación robusta y aterradora. La expresión “marxismo cultural” se origina del término “bolchevismo cultural”, cuyo primero presenta características análogas al segundo. El “bolchevismo cultural” perduró en el ideario de las masas antes, durante y después del ascenso del nazismo en Alemania. Ante una clase trabajadora completamente agotada y despojada, y una pequeña burguesía endeudada y abandonada a su suerte por el Estado, las promesas nazistas de desarrollo y prosperidad ganaron adeptos. Este entusiasmo fue el que también abrazó el racismo y el anticomunismo proclamados por la figura de Hitler.
Fortalecida por la prensa nazi, comandada por Goebbels, se inició una violenta guerra cultural etiquetada como “bolchevismo cultural”, donde se convirtió en un deber moral de los alemanes proteger la patria contra cualquier manifestación cultural judío marxista, como lo denominó Hitler. Intelectuales y artistas fueron encarcelados y asesinados en campos de concentración. Libros y obras fueron quemados. Alemania, en ese entonces, ya tenía definidos a sus enemigos responsables de toda la decadencia alemana. El resto de ese infeliz tiempo histórico ya lo conocemos.
El uso de la expresión “marxismo cultural” comenzó a difundirse a principios de la década de 1990 por la extrema derecha estadounidense, no permaneciendo solo en el ideario popular, sino conquistando también un espacio real y político a través de leyes de persecución a la izquierda. El “marxismo cultural” ganó espacio en Brasil a través de las publicaciones y los discursos de Olavo de Carvalho, quien ya en la década del 1990 comenzó a defender tal “dominación marxista” en la cultura occidental. Diversas figuras públicas, incluso ocupando cargos políticos, están asociadas a la difusión del “marxismo cultural”, a través de la articulación de Eduardo Bolsonaro, quien es además organizador de la Conservative Political Action Conference (CPAC) en Brasil1 — una conferencia que reúne a figuras de la extrema derecha con el objetivo de organizar un movimiento nacional e internacional—, siendo algunos ejemplos de personalidades y agentes alineados con este conspiracionismo.
La CPAC fue creada en 1974 por los grupos estadounidenses American Conservative Union (ACU) y Young Americans for Freedom (YAF) con la retórica de “defensa de la constitución, fortalecimiento nacional y garantía de la libertad a través del poder limitado del Estado”. En Brasil, la CPAC cuenta con el financiamiento del Instituto.
Conservador Liberal y la Fundação Instituto Alvaro Valle y defiende los siguientes valores: 1) Pro-vida y Pro-familia; 2) Patriotismo y Promoción de la Comunidad Brasileña; 3) Defensa de la Libertad de Credo; 4) Defensa de la Propiedad Privada y Promoción de la Libertad Económica; 5) Autodefensa como deber del Ciudadano y el Derecho Legítimo al Libre Acceso a Armas de Fuego; 6) Principio de Subsidiariedad y Valoración de los Deberes Cívicos; 7) Democracia y Ciudadanía: Igualdad y Libertad Política; 8) Integración Ambiental; 9) Reconocimiento de Comunidades y Asociaciones para la Participación Política; 10) Formación de Paradigmas de Excelencia. Son ideas, valores y creencias que se conglomeran entre sí y construyen de manera muy organizada una nueva forma política dentro y fuera del Estado. Es una estrategia política que excluye y mata a través de un discurso mentiroso de una supuesta “nueva política” para salvar la patria de aquellos que la corrompieron, en este caso, la izquierda.
A partir de estos señalamientos y de la relación intrínseca de la coyuntura económica y política, resulta urgente que la izquierda se apropie del conspiracionismo del “marxismo cultural” para que sea posible su desmontaje. El “marxismo cultural” ha construido un arsenal teórico aterrador entre sus adeptos, abriendo espacio para que estos conspiracionismos asumieran una forma política real.
Bajo este escenario, el desarrollo de este trabajo se realizó a través de una autoetnografía crítica, capturando una realidad inmediata y empírica desde una perspectiva crítica marxista, para responder a la siguiente pregunta de investigación: “¿Cómo ocurre el proceso de fascistización propiciado por el conspiracionismo del ‘marxismo cultural’ orquestado por los encuentros de la CPAC – Brasil?”.
LA INMERSIÓN EN LA CPAC BRASIL
El neofascismo — neo por presentarse según los moldes del capitalismo contemporáneo — no se establece como una excepción en nuestro contexto de existencia y modo de producción. La cronicidad de la crisis capitalista ha tejido una nueva forma política con el fin de intentar contener el descontento de la clase trabajadora ante un sistema despótico y fallido. Por este motivo, entendemos que el neofascismo no está en ascenso, surgiendo sigilosamente; en realidad, en este tiempo histórico, ha terminado por golpearnos violentamente, echando raíces profundas en los campos económico, político y social.
La inquietud para esta investigación surgió precisamente de este punto: ¿cómo este neofascismo ha conquistado espacio en el imaginario de las masas hasta consolidarse
como la única posibilidad de triunfo económico y político? ¿Cómo el horror pasó a ser aplaudido y reivindicado a gritos por una multitud enloquecida y llena de odio hacia todo lo “diferente”?
Definir el neofascismo, como fenómeno de tamaña complejidad, no es tarea sencilla, ni mucho menos unánime entre quienes se dedican a estudiarlo. El neofascismo, principalmente en los países de capitalismo dependiente, como es el caso de América Latina, realiza una reinterpretación del fascismo clásico, adaptándolo a las demandas del contexto económico, político y social actual. Incapaz de lidiar con la larga crisis
capitalista, figuras autoritarias, antiestatales, antipolíticas, defensoras de un ‘ultraneoliberalismo’ e intolerantes con la otredad, ganan fuerza y espacio dentro de la democracia burguesa. Es un nuevo tipo de fascismo que se ha ajustado a las instituciones burguesas y al nuevo tiempo histórico.
Las atrocidades presentes en los discursos articulados por estos grupos indignan profundamente a quienes poseen el mínimo de humanidad y sentido de justicia social; sin embargo, esa indignación ya no es suficiente para su combate y desmantelamiento. Argumentos racionales y fundamentados no logran siquiera infiltrar la superficie del neofascismo — que, como ya hemos mencionado, cuenta con raíces profundas de irracionalismo. De este modo, fue necesario sumergirse en esa realidad para una mejor comprensión.
Comencemos relatando el ambiente de una reunión de personas que han adherido con vehemencia al neofascismo, como es el caso de la CPAC: En la entrada del evento había un refuerzo en la presencia policial; ‘patriotas’ saludaban a los agentes y se formaban para pasar por el control de seguridad. Algunos protestaban por la necesidad de revisión, otros en cambio, consideraban importante que nadie ingresara armado.
La expresión estética y comportamental de estos grupos resulta muy peculiar y curiosa — y en muchos momentos, también perturbadora. La mayoría porta algo que demuestre su apoyo a la ‘causa’: sean camisas en apoyo a Bolsonaro, a favor del armamento civil, “Fuera Lula”, “El aborto es asesinato”, banderas de Brasil, de Israel y de Estado Unidos. Muchos vestían estampados militares. Por cierto, este evento permitió la entrada de menores de edad.
El evento se realizó en el Expocentro de Balneário Camboriú y, en la entrada había numerosos stands de divulgación del Partido Liberal (PL), venta de artículos exclusivos en apoyo a Bolsonaro, como playeras, gorras, tazas, agendas y otros accesorios. Diversos libros también estaban en venta, abarcando la misma temática de anticomunismo,
antifeminismo, antiizquierda, guerra cultural, guerra espiritual y una serie de narrativas sobre la lucha contra el ‘mal’ que asola al mundo y a la cultura occidental. El espacio de las conferencias estaba dividido en dos sectores: al frente, los miembros que contribuyen financieramente con el Instituto Conservador Liberal, y en las zonas más alejadas del escenario, el resto del público.
Las jornadas comenzaban con la entonación del himno nacional mientras la bandera de Brasil invadía la gigantesca pantalla del escenario. Todos los conferencistas, sin excepción, defendían el retorno político de Jair Bolsonaro, incluso alimentaban la idea de que él es el único ‘salvador’ posible. Todos quienes lo cuestionen, quienes no lo reconozcan como el verdadero líder y como única opción de candidato presidencial para 2026, son considerados comunistas y traidores de la patria y de la causa. ¿Los socialdemócratas? Todos comunistas. Según estos grupos, no existe derecha en Brasil, ya que toda la derecha habría sido corrompida y capturada por la izquierda. ¿Partido político? Solo el Partido Liberal. Todos los demás “conservadores” deben ser combatidos y destruidos con vehemencia. En Mein Kampf, Hitler defendía esta misma idea, considerando traidores a los conservadores que no habían logrado frenar el avance de la izquierda.
Para las masas allí reunidas, existe una guerra política, cultural, espiritual y racial en curso, que debe ser combatida para evitar la destrucción de la patria y la perversión de las familias. Todos los discursos escenifican el caos, el miedo y el odio, y crean una urgencia por derrotar a los supuestos enemigos — la izquierda comunista — antes de ser corrompidos y destruidos. Es decir, las conferencias no son una invitación a la reflexión; todo lo contrario: la reflexión es activamente rechazada. Cuando se agotan los ‘argumentos’ — que son en su totalidad teorías conspirativas y mentiras — el conferencista cierra su intervención con la lectura de un pasaje bíblico, proclamando “Dios, Patria y Familia”, además de solicitar el regreso de Bolsonaro en 2026. No hay espacio para debate, crítica o el más mínimo análisis de la coyuntura actual, lo que se establece como una característica fundamental de estos grupos fascistizados.
El modus operandi de los discursos asume una característica muy similar a la observada en los discursos de Hitler en la Alemania nazi; no obstante, es necesario tener cautela para que esta comparación no vacíe el análisis ni ignore las particularidades de este fenómeno en este tiempo histórico. Dicho esto, Hitler sostenía que los discursos debían adoptar una postura emocional, tratando todos los temas de forma superficial. El apelo al corazón y a sentimientos como la indignación, la injusticia y el miedo tenían
prioridad en los discursos. La razón había sido abolida por completo — en ambos contextos históricos.
LA CONSTRUCCIÓN DEL ENEMIGO
Todos los discursos se estructuran a partir de la idea de un “enemigo real” —el comunismo— y su dominación en los campos económico, político, cultural y social. Para estos grupos, todos los problemas de Brasil y del mundo son consecuencia de dictaduras comunistas, de la adoctrinación marxista en las escuelas y de la imposición del marxismo a través de la cultura. La idea de un “Estado intervencionista” se combate por asociarse a la idea de izquierda. Esta herencia de la socialdemocracia, que incapaz de responder a la crisis y de mejorar las condiciones de las clases media y trabajadora, termina abriendo aún más espacio al neofascismo.
El anticomunismo asume, en el siglo XXI, una característica resignificada en comparación con el siglo pasado. El discurso anticomunista se encuentra relacionado a la corrupción, a la destrucción de los valores cristianos, judíos y protestantes. El comunismo pasa a convertirse en una fuerza terrenal responsable de todo lo malo en el mundo.
Sin embargo, la preocupación no se limita únicamente a una visión panorámica y macroscópica. La extrema derecha subraya la necesidad de ocupar espacios a nivel microsocial. Fueron presentados dos paneles de discusión con enfoque en la Cámara de Diputados, incluso para preparar candidatos conservadores para las elecciones y para organizaciones que trabajan con educación de base.
Se destacaron dos organizaciones, ambas citando incluso a Olavo de Carvalho, patrón de la ineptitud y difusor de la ideología del “marxismo cultural” en Brasil. Fueron ellas: Movimiento de Valores por Brasil (MOVA) y Acción Política Atlántico Sur (APAS). Estas organizaciones actúan con el objetivo de formar educación política, difundiendo sus contenidos a través de plataformas en internet y en eventos organizados presencialmente. Los entrevistados, Samuel Ataíde y Lucas Campos, fueron enfáticos en defender la necesidad de invadir nuevos espacios, principalmente para la construcción del terreno para las elecciones a la presidencia en 2026 —para ellos, solo existe la posibilidad de que sea Jair Bolsonaro2. Ambas organizaciones encarnan la idea de guerra cultural propuesta por Olavo de Carvalho y refuerzan la imagen de Bolsonaro como ‘salvador’.
La formación política a través de la educación parece ser, hoy, una preocupación y un frente de acción de la extrema derecha. Estos grupos se han articulado para fortalecer esta formación política a los moldes del conservadurismo extremo. Es una laguna que necesita, urgentemente, ser combatida por la resistencia de izquierda.
ALGUNOS COMENTÁRIOS
Sumergirse en la realidad de la extrema derecha brasileña e internacional permitió comprender cómo el “marxismo cultural” ha sido difundido a las masas, no solo como un proyecto económico y político-institucional, sino también como un proyecto de vida, civilizatorio.
La estrategia neofascista se encargó de perfeccionar y adaptar este conspiracionismo, propagándolo a través de cuatro dimensiones fundamentales: Guerra Cultural, Guerra Espiritual, Guerra Lingüística y Guerra Racial. Estas dimensiones, a la luz del proceso de fascistización de las masas, responden rápidamente a las demandas — económicas, políticas, sociales e individuales— de la clase trabajadora y media, abandonada desde hace mucho tiempo por la socialdemocracia.
Vivir el neofascismo en estado puro, a la sombra de gritos enloquecidos durante discursos de odio hacia el “otro”, reiteró la afirmación de que sí, vivimos un neofascismo en este momento histórico. Y es precisamente esa conciencia la que debe despertarnos hacia la praxis social. Tomemos aliento para la lucha.
- La CPAC es um evento internacional y este año de 2025 también será realizado em México. ↩︎
- Es importante señalar que, desde la redacción de este texto, Jair Bolsonaro ha sido juzgado por la Suprema Corte Brasileña (STF) y ha perdido sus derechos políticos de participar en elecciones como también ha sido condenado a 27 años de cárcel por intento de Golde de Estado y de ruptura violenta de la democracia. El hecho ha resultado en diversas protestas y articulaciones políticas en el país por grupos políticos y civiles para invalidar o para legitimar el juicio. La historia sigue en escribiéndose. ↩︎