La causa de Etiopía es nuestra. Solidaridad antifascista en México (1935-1936)

Hugo Nateras1

El antifascismo como movimiento político e intelectual transnacional

A partir de los estudios realizados a nivel global en los últimos años es posible afirmar que la sensibilidad — o ethos— antifascista se expandió por el mundo entero a lo largo de la década de 19302. El reconocimiento de su profunda repercusión permite abordar el antifascismo como un movimiento político e intelectual de carácter transnacional, estructurado sobre un entramado sólido de redes. Estas se sostuvieron gracias al continuo intercambio epistolar, la colaboración y envío de artículos a revistas y periódicos, los viajes —muchos de ellos propiciados por el exilio—, la organización de congresos, la lectura de sus realidades nacionales como parte de procesos globales y, sobre todo, una amplia gama de prácticas de solidaridad3.

Esto último es importante subrayarlo, ya que constituye uno de los elementos clave del antifascismo. Poner el acento en la solidaridad nos permite, siguiendo el trabajo de David Featherstone, hacer explícita la diversidad y la potencia de las prácticas sociales que hicieron posible la construcción de una noción de comunidad a nivel global, un espacio en el que tanto el sufrimiento como las esperanzas y el destino se compartían. Además, invita a reconocer que las solidaridades no emergen solamente en comunidades políticas y culturales preexistentes, sino que el profundo ejercicio ético y político que suponen crea vínculos, redes y relaciones allí donde antes no existían o estaban débilmente trazados. Y esto resulta fundamental para comprender el proceso mediante el cual se configuró una comunidad global antifascista frente al enemigo común representado por los regímenes fascistas4.

Ahora bien, en el proceso de internacionalización del antifascismo pueden identificarse, al menos, cuatro momentos o hitos cruciales. El primero fue la llegada de Adolf Hitler a la cancillería alemana en enero de 1933; el segundo, la invasión de las tropas italianas, al mando de Mussolini, a Etiopía durante la segunda mitad de 1935; el tercero, el estallido de la Guerra Civil española en julio de 1936; y, por último, la guerra chino-japonesa de 19375. Estos acontecimientos pueden leerse, por un lado, como un periodo clave de la era del fascismo, como la denomina Joseph Fronczak, pues sus triunfos lo convirtieron en una poderosa fuerza política con una presencia global notable. Pero también, y más importante para este trabajo, es que estos acontecimientos fueron los detonantes del momento antifascista a nivel mundial6.  

Breves apuntes sobre Manos Fuera de Etiopía

Es relevante anotar que cada uno de estos acontecimientos tuvo una repercusión diferenciada en el escenario mundial. Una revisión bibliográfica evidencia, por ejemplo, el gran peso que adquirió el conflicto español, al punto de que Madrid, durante el cerco que vivió entre octubre y noviembre de 1936, fue concebida como la capital mundial del antifascismo y como el “corazón del mundo”7. Esta centralidad ha eclipsado, en cierta medida, el estudio y conocimiento de las repercusiones globales, así como de la diversidad de prácticas de solidaridad que los antifascismos desplegaron para posicionarse a favor de los pueblos etíope o chino.

Afortunadamente, en los últimos años se han publicado estudios que han ayudado a subsanar estos vacíos en la investigación histórica. Gracias a ellos ha sido posible conocer de mejor forma movimientos globales como el “Manos fuera de Etiopía”, una imponente campaña de solidaridad surgida a raíz de los ataques perpetrados por la Italia fascista contra el país africano8.

En este sentido, resulta necesario recordar que durante la primera mitad de la década de 1930 ya era evidente la tensión bélica entre Etiopía e Italia, pues el régimen fascista había manifestado en varias ocasiones sus planes para expandir sus dominios coloniales hacia tierras africanas. La chispa que encendió aquel “barril de pólvora” fue el enfrentamiento que protagonizaron ambos ejércitos en la región de Ogaden en diciembre de 1934, en donde murieron más de 300 soldados. A partir de ese momento todo se desencadenó de manera dramática para el pueblo etíope: a inicios de 1935 Mussolini acordó con Francia su no intervención, la Sociedad de Naciones permaneció inerte, y el campo quedó totalmente libre para el avance de las tropas fascistas9.

Estos hechos impactaron de manera decisiva, pues a lo largo de la segunda mitad de 1935 se desató una gran solidaridad transnacional a través de un sinfín de artículos, se organizaron reuniones masivas, se produjeron enfrentamientos callejeros, huelgas y boicots en lugares como Harlem, Ciudad del Cabo, Londres, Kingston, París, Río de Janeiro y Nairobi. La invasión italiana fue interpretada por diversos sectores políticos e intelectuales como una guerra racial llevada a cabo por un régimen blanco, imperialista y autoritario10

Y fue precisamente esta caracterización la que convirtió la causa etíope en un asunto de vital importancia para los movimientos políticos e intelectuales antirracistas y anticoloniales de algunos sectores del mundo. Además de que la lectura en clave colonial y racial que estos movimientos hicieron del fascismo italiano permitió desafiar la idea de que el fascismo era un fenómeno estrictamente europeo. Pues muchos intelectuales anticolonialistas y antiimperialistas vincularon el ascenso del fascismo con otras experiencias de opresión racial y agresión imperial. En sociedades marcadas por una fuerte experiencia colonial, como la afroamericana, la caribeña y la india, el fascismo no era sino el colonialismo practicado en Europa11.

Por mencionar algunos ejemplos, en Nueva York los internacionalistas negros desplegaron una intensa campaña a favor de Etiopía, que incluyó la publicación de revistas y periódicos, así como la organización de boicots en contra de las empresas italianas12. En Londres, el joven historiador trinitario C. L. R. James, autor de Los jacobinos negros, organizó, junto a otros migrantes, el International African Friends of Abyssinia (IAFA). En Cuba, las noticias de la invasión a Etiopía se difundieron rápidamente entre los sectores obreros e intelectuales, al grado en que es posible afirmar que fue el primer hecho internacional que ejerció un gran impacto en la discusión pública de la isla. Así, el entrelazamiento de la lucha contra el fascismo y la defensa de la raza se convirtió en uno de los elementos distintivos del movimiento antifascista cubano13. Inclusive algunas organizaciones de estibadores de los puertos de Ciudad del Cabo, Durban, Lüderitz, en África, se negaron a trabajar en barcos que transportaban cargamentos para el ejército italiano14

La causa de Etiopía es nuestra

Hasta ahora la geografía del movimiento “Manos fuera de Etiopía” ha quedado, en general, limitada a las ciudades africanas o a aquellas con una significativa presencia de la diáspora negra. No obstante, existen casos menos explorados, como el de México. Pues si bien es conocida la labor diplomática antiimperialista y antifascista que el país ejerció en los foros internacionales, aún se ha investigado poco la amplia cobertura que la prensa antifascista mexicana le dio a esos acontecimientos, así como las movilizaciones y los grandes actos de solidaridad con Etiopía. Aún más: ha pasado desapercibido que todas estas acciones se hicieron parte de la campaña global “Manos fuera de Etiopía”. 

Para comprender mejor, por un lado, la dimensión transnacional del antifascismo mexicano y, por otro, ensanchar la geografía global de solidaridad con el pueblo etíope, revisaremos la cobertura mediática y algunas de las acciones realizadas desde territorio mexicano. Durante los primeros meses de 1935 la prensa de izquierda informó de manera continua sobre el despliegue del ejército de Mussolini y denunció la posición “neutral” de países como Francia e Inglaterra15. En las notas de El Machete, por ejemplo, se señalaba que el líder italiano quería desatar una guerra en contra del “último país negro independiente” y enfatizaban que el sostenimiento de la independencia del pueblo etíope debía recaer en los millones de combatientes que se encontraban luchando actualmente en contra del fascismo criminal y del imperialismo16.

Para el movimiento antifascista mexicano, estos acontecimientos constituían la antesala de una nueva guerra a escala mundial; de ahí su gravedad17. En ese clima de urgencia política parece ser que la primera manifestación pública de solidaridad con el pueblo etíope tuvo lugar el 4 de agosto en la capital del país. Ese día una multitud de más de 1500 personas partió de la Alameda y llegó hasta el Zócalo, en donde se instalaron frente a Palacio Nacional. Ahí tomaron la palabra algunos representantes de los sindicatos ferrocarrileros, el Frente Único del Volante y la Liga contra el Imperialismo, el Fascismo y la Guerra. Los oradores exigieron al gobierno mexicano la desaparición de los “camisas doradas” e hicieron un llamado a incrementar las acciones políticas y culturales como muestra de solidaridad con Etiopía18.

La invasión italiana no sólo representaba una agresión imperialista en contra del pueblo etíope, sino también un atentado en contra de la soberanía y la integridad de todas las sociedades marcadas por la experiencia colonial a nivel global. En México este reconocimiento movilizó a distintos sectores sociales, históricamente oprimidos por el imperialismo, y los llevó a expresar un grito de denuncia contra el ejército de Mussolini. La idea que articuló a los antifascistas mexicanos era potente y clara: “la causa de la libertad nacional de Abisinia es nuestra”19.

Esta interpretación, que veía en los acontecimientos que desgarraban el suelo etíope una especie de espejo que reflejaba las experiencias pasadas de lucha por la liberación nacional en México, e incluso un augurio de los peligros que se cernían de cara al futuro, fue clave para las prácticas de solidaridad que se comenzaban a impulsar. Luchar palmo a palmo con el pueblo etíope en contra del fascismo italiano era, al mismo tiempo, combatir la penetración imperialista en México20.

A inicios de octubre El Machete informaba sobre la “horrible carnicería” que estaba sufriendo el pueblo etíope tras la entrada del ejército italiano tanto por el norte como por el sur del país. Estas noticias provocaron una gran indignación y llevaron a convocar rápidamente una reunión en el local de la Liga contra el Imperialismo, el Fascismo y la Guerra. A la cita acudieron algunos miembros de organizaciones como el Partido Comunista Mexicano, Unión de Artes Gráficas de Talleres Comerciales, Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana, Federación de Estudiantes Revolucionarios, Juventud Comunista, Centro de Estudios Obreros, el Sindicato Mexicano de Electricistas y el Socorro Rojo Internacional. En esa reunión se acordó realizar un mitin en la Plaza de Santo Domingo, protestar frente a la Embajada italiana y designar a Manlio Fabio Altamirano como encargado para presentar una moción en la Cámara de Diputados con el fin de que México rompiera relaciones diplomáticas con Italia21.

La manifestación se realizó el 8 de octubre y los oradores fueron Manlio Fabio Altamirano, Elías P. Hurtado —dirigente de la Federación de Sindicatos del Distrito Federal— y, finalmente, Emilio P. Ramírez. Durante el trayecto hacia el Zócalo las distintas columnas de manifestantes iban cantando La Internacional y corearon diversas consignas en contra de la guerra y a favor de que el gobierno mexicano rompiera relaciones con la Italia fascista de Mussolini22.

Un día después, el Comité de Defensa Proletaria, junto a diversas organizaciones políticas de carácter antifascista, resolvió que a partir de ese momento se izaría la bandera del proletariado en todos los edificios sindicales del país, acompañada de la leyenda: “bandera izada en protesta por la guerra de Mussolini”. Otro punto relevante que acordaron fue convocar, nuevamente, a un mitin de protesta el 12 de octubre en la Arena Nacional de la capital del país. Finalmente, como eje central de estas actividades en solidaridad con el pueblo etíope, el sábado 19 de octubre llevarían a cabo un paro general de actividades en todo el país23.

Es interesante señalar que, antes del mitin en la Arena Nacional y del paro general, el viernes 11 de octubre un nutrido grupo de niños —muchos de ellos estudiantes de escuelas primarias— salió a las calles capitalinas a expresar su solidaridad con Etiopía. Algunos de ellos traían consigo pancartas en las que se leían consignas como: “Los hijos de los proletarios mexicanos condenamos enérgicamente la agresión fascista de Italia”, “Manos fuera de Abisinia”, “Abajo las guerras imperialistas”24.

Un día después se realizó el evento en la Arena Nacional, al que asistieron más de tres mil personas. En el acto político tomaron la palabra personajes como Francisco Breña Álvarez, del SME y Valentín Campa, representante de la Confederación Sindical Unitaria de México (CSUM)25. El punto culminante de estas expresiones de solidaridad antifascista se alcanzó el 19 de octubre. La prensa informó con detalle sobre todas las acciones que se realizaron en México y las calificó de “imponentes”. Ferrocarriles, energía eléctrica, minas, tranvías, camiones y ruleteros, fábricas, todo se detuvo. Incluso en el campo, las escuelas, los comercios y despachos también cesaron las actividades. De ahí que se afirmara que la trascendencia de la jornada fue de carácter internacional. A decir de los organizadores, con estos actos los obreros y la sociedad mexicana se situaron al frente de la lucha contra la guerra y el fascismo: 

“A las 11 en punto del sábado 19 los silbatos de fábricas, talleres y locomotoras anunciaron el principio del paro. La falta de energía eléctrica obligó incluso a los reacios a parar sus labores. Todo el país se concentró en la guerra de Italia contra Etiopía, protestando contra el imperialismo y manifestando su apoyo al pueblo invadido. El lapso del tiempo del paro fue llenado con mítines en los centros de trabajo, en los trenes, en las calles. En la capital todo el tráfico fue paralizado y en los cruceros de las calles se realizaron mítines, siendo ello de un gran efecto”26.

En el informe también se señala que los ferrocarriles se detuvieron cerca de 20 minutos, aunque en muchos departamentos la inactividad se prolongó, llegando incluso a la hora completa. Por ejemplo, los tranviarios del Distrito Federal detuvieron sus labores por una hora debido al tráfico causado por ruleteros, camioneros y sectores que participaron con mítines en las calles. Los cinematografistas, por su parte, pararon sus actividades a las 7 p.m. e informaron al público la razón. Mientras que en la ciudad de Guadalajara el paro de labores se extendió buena parte de la tarde, sobre todo en aquellos lugares e industrias donde la presencia de los Sindicatos Unitarios era fuerte27.

Los electricistas interrumpieron sus labores durante 20 minutos en tres momentos diferentes del día: 11 am, 5 pm y 7 pm. Este último corte tuvo un efecto imponente, pues la “gran ciudad se vio completamente muerta”. Por tal razón se reconoció la labor del Sindicato Mexicano de Electricistas, ya que actuó con gran precisión y solidaridad. El balance que ofrecieron del paro, que sacudió a buena parte del país, se basó en la idea de que con él mostraron la potencialidad del movimiento. La trascendencia de estas acciones, protagonizadas por las distintas organizaciones sindicales, políticas e intelectuales que se congregaban en el movimiento antifascista, fue de escala internacional. A través de estos actos México se erigió en uno de los países que más sólidamente enarbolaba la lucha en contra de la guerra fascista e imperialista28.

Sin embargo, el optimismo que provocaron estas movilizaciones a finales de 1935 pronto fue opacado por la información que llegó a México durante los primeros meses de 1936. El 5 de mayo el ejército fascista italiano entró triunfalmente a la ciudad de Addis Abeba y un par de días después Mussolini pronunció, desde Roma, un discurso triunfal en el que expresó el renacimiento del imperio después de quince siglos29. Este trágico hecho llevó a la prensa antifascista mexicana a resaltar aún más la heroicidad y resistencia del pueblo etíope, pues afirmaban que a pesar de ser invadidos aún no habían sido vencidos30

A mediados de 1936 el auge del ciclo de movilizaciones que protagonizaron los diversos sectores del antifascismo mexicano en solidaridad con el pueblo etíope parece que estaba llegando a su fin. Pero esto no significó que el tema desapareciera por completo de la prensa y de las manifestaciones públicas, sino que comenzó a aparecer con menor intensidad31.Además, en agosto de ese mismo año se abrió otro frente de batalla para el antifascismo global con el estallido de la Guerra Civil española, lo que hizo que los reflectores se concentraran en ese espacio geográfico. 

Apuntes finales

Finalmente, a lo largo de estas páginas hemos visto cómo el antifascismo de la década de 1930 se constituyó como un movimiento global, centrado en prácticas de solidaridad que funcionaron como un ejercicio ético y político capaz de generar comunidades y visiones de futuro. La discusión sobre la invasión italiana a Etiopía permitió descentrar la mirada del caso español en el proceso de internacionalización del antifascismo y comprender las interpretaciones anticoloniales y antiimperialistas que ciertos sectores impulsaron para desafiar la idea del fascismo como un fenómeno exclusivamente europeo, al vincularlo con las experiencias coloniales de otras regiones del mundo. Finalmente, la somera revisión de las acciones del antifascismo mexicano nos permitió ensanchar la geografía de la campaña “Manos fuera de Etiopía” al incluir un espacio americano no contemplado hasta el momento en las investigaciones históricas. 

Bibliografía

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  1. Doctorante en Historiografía, UAM-A ↩︎
  2. En la definición del antifascismo como sensibilidad o ethos resuenan, desde luego los ecos de trabajos como los de Ricardo Pasolini, Enzo Traverso y Bruno Groppo. ↩︎
  3. Este enfoque es perceptible en el mirador metodológico desde el que un especialista como Hugo García ha propuesto trabajar el antifascismo, tras considerarlo como un “tipo ideal de movimiento transnacional”. Veáse “Transnational History: A New Paradigm for Anti-Fascist Studies?”, Contemporary European History, vol. 25, núm. 4, Special Issue: Transnational Anti-Fascism: Agents, Networks, Circulations, 2016, pp. 563-572. ↩︎
  4. David Featherstone, Solidarity. Hidden histories and geographies of internationalism, London, Zed Books, 2012, pp. 5-9. ↩︎
  5. Traverso, 2015, p. 58 ↩︎
  6. Joseph Fronczak, Everything is Possible: Antifascism and the Left in the Age of Fascism, New Haven, Yale University Press, 2023, pp. 17-18. ↩︎
  7. Hugo Garcia, “‘World capital of anti-fascism’ The making – and breaking –of a global left in Spain, 1936–1939”, Anti-Fascism in a Global Perspective. Transnational Network, Exile Communities, and Radical Internationalism, Kasper Braskén, Nigel Copsey and David Featherstone (eds.), Abingdon, Routledge, 2021, p. 236. ↩︎
  8. Pienso, por ejemplo, en los trabajos de Joseph Fronczak, ‘Local People’s Global Politics: A Transnational History of the Hands Off Ethiopia Movement of 1935’, Diplomatic History, vol. 39, num. 2, 2015, pp. 245-274 y Arlena Buelli, “The Hands Off Ethiopia campaign, racial solidarities and intercolonial antifascism in South Asia (1935-1936)”, Journal of Global History, volume 18, Issue I, 2023, pp. 47-67. ↩︎
  9. Franco Savarino, “La actuación de México en una crisis internacional: el caso de Etiopia (1935-1937)”, Iberoamericana, Nueva Época, año 4, núm. 16, diciembre de 2004, pp. 19-20. ↩︎
  10. Fronczak, 2015, pp. 246-249; Buelli, 2023, p. 47. ↩︎
  11. Michael Ortiz, Anti-Colonialism and the Crisis of Interwar Fascism, London, Blomsbury Academic, 2023, pp. 7-12. ↩︎
  12. Cathy Bergin sostiene, al respecto, que resulta difícil explicar la naturaleza anticolonial del antifascismo negro de EUA sin hacer referencia al impacto que causó el asalto de las tropas de Mussolini a Etiopía, véase “African American internationalism and anti-fascism”, Anti-Fascism in a Global Perspective. Transnational Network, Exile Communities, and Radical Internationalism, Kasper Braskén, Nigel Copsey and David Featherstone (eds.), Abingdon, Routledge, 2021, pp. 255-256; Featherstone, 2012, p. 102. ↩︎
  13. Ariel Mae Lambe, No Barrier Can Contain It. Cuban Antifascism and The Spanish Civil War, USA, University of North Carolina Press, 2019, pp. 10-12 ↩︎
  14. Jonathan Hyslop, “Anti-fascism in South Africa 1933–1945, and its legacies”, Anti-Fascism in a Global Perspective. Transnational Network, Exile Communities, and Radical Internationalism, Kasper Braskén, Nigel Copsey and David Featherstone (eds.), Abingdon, Routledge, 2021, pp. 82-83. ↩︎
  15. “Mussolini no Desiste de sus Planes de Agresión”, El Machete, México, D. F., 9 de junio de 1935, núm. 341, p. 1. ↩︎
  16. “Mussolini no Desiste de sus Planes de Agresión”, El Machete, México, D. F., 9 de junio de 1935, núm. 341, p. 1; “Mussolini sigue firme en su plan de rapiña”. El Machete, México, D. F., 22 de junio de 1935, núm. 343, p. 4. ↩︎
  17. “Manos libres a Mussolini en Abisinia”, El Machete, México, D. F, 13 de julio de 1935, núm. 346, p. 2. ↩︎
  18. “Combativa demostración contra el imperialismo. la guerra y el fachismo”, El Machete, México, D. F., 11 de agosto de 1935, núm. 350, p. 1. ↩︎
  19. “B. Mussolini quiere toda la Abisinia”, El Machete, México, D. F., 17 de agosto de 1935, núm. 351, pp. 1-2. ↩︎
  20. Mussollini arroja al mundo a la matanza”, El Machete, México, D. F., 24 de agosto de 1935, núm. 352, p. 4. ↩︎
  21. “Se inició ya la horrible carnicería”, El Machete, 5 de octubre de 1935, México, D. F., núm. 358, p. 1-4. ↩︎
  22. “El ataque de las masas al bárbaro fascismo italiano”, El Machete, México, D. F., 12 de octubre de 1935, núm. 359, pp. 1 y 4. ↩︎
  23. “Paro general de las 11 a las 12 del día”, El Machete, México, D. F., 12 de octubre de 1935, núm. 359, p. 2. ↩︎
  24. “Manifestación Anti-guerrera”, El Machete, México, D. F., 19 de octubre de 1935, núm. 360, p. 1 y 4. ↩︎
  25. “El mitin de la Arena Nacional”, El Machete, México, D. F., 19 de octubre de 1935, núm. 360, p. 1 y 4; “El conflicto ítalo-etíope está a punto de convertirse en una nueva conflagración mundial”, El Machete, México, D. F., 19 de octubre de 1935, núm. 360, p. 1. ↩︎
  26. “Formidable fue el paro general el día 19”, El Machete, México, D. F., 26 de octubre de 1935, núm. 361, p. 1. ↩︎
  27. Formidable fue el paro general el día 19”, El Machete, México, D. F., 26 de octubre de 1935, núm. 361, p. 1. ↩︎
  28. Formidable fue el paro general el día 19”, El Machete, México, D. F., 26 de octubre de 1935, núm. 361, p. 1. ↩︎
  29. Savarino, 2004, p. 25. ↩︎
  30. “Abisinia invadida pero no vencida”, El Machete, México, D. F., sábado 9 de mayo de 1936, núm. 406, p. 4. ↩︎
  31. En este complejo escenario las organizaciones antifascistas reconocieron la labor de Lázaro Cárdenas y Narciso Bassols, este último por haber pronunciado un discurso que debería ser recordado “por los mexicanos como la expresión enérgica del pensamiento nacional” frente a este fenómeno. Hechos y comentarios. Abisinia abandonada”, El Machete, México, D. F., miércoles 8 de julio de 1936, núm. 422, p. 3; “Bassols habla en Ginebra”, El Machete, México, D. F., miércoles 8 de julio de 1936, núm. 422, p. 3. ↩︎