Las conferencias mañaneras de AMLO como ritual político de transformación

Alejandro Barraza1

El Zócalo de la Ciudad de México fue durante años el lugar simbólico de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Desde allí confrontó a sus principales adversarios; resistió —junto a ese ente real al que él llamó “pueblo”— a su desafuero en 2005, al fraude electoral de 2006, y lo convirtió en un lugar de reunión periódica desde el que se dirigía a los simpatizantes del movimiento obradorista. Sin embargo, cuando AMLO se convirtió en presidente, el Zócalo como lugar simbólico fue complementado con otro: el Salón de la Tesorería de Palacio Nacional, sitio donde llevó a cabo sus «conferencias mañaneras»2

Si bien cada mañanera tenía un título al que, desde su estrado, Andrés Manuel intentaba ceñirse, el contenido de dichas conferencias dependía en gran parte de las preguntas de los y las periodistas, de las respuestas del propio López Obrador y del contexto político, económico y social. Por consiguiente, las mañaneras provocaron en la población un involucramiento diario y directo, sin intermediarios, con las propuestas del presidente, y permitieron que sus mensajes, sus ideas y pareceres (en suma, su ideología), llegaran no solo a los habitantes de la Ciudad de México, sino a los de todo el país.

De acuerdo con un estudio del laboratorio de comunicación Signa Lab3, las mañaneras fueron «el pilar» de la estrategia de comunicación social de Andrés Manuel,así como «una de sus principales herramientas de propaganda gubernamental» y un «espacio clave de creación y gestión de la agenda pública nacional». El tiempo dedicado a las 1,438 mañaneras equivale a 3,179 horas: 132 días completos en los que se acumularon más de 1.8 millones de comentarios, 52 millones de likes y 1,355 millones de reproducciones en YouTube.

LA TEORÍA Y LAS MAÑANERAS

Las mañaneras de AMLO eran lo que teóricos como David Kertzer, Karin Becker y George Balandier han definido como un ritual político.

De acuerdo con Kertzer, en Ritual, politics and power, es a través del ritual que los líderes políticos luchan por reivindicar su derecho a gobernar, los gobernantes en el poder buscan reforzar su autoridad, y los revolucionarios intentan forjar una nueva base de lealtad política (1988:1). Pero, habiendo llegado a la presidencia de la República con más de 30 millones de votos y una diferencia de más de 20% con respecto a su competidor más cercano, ¿era necesario para AMLO reforzar así su autoridad y legitimidad?

Uno de los principales postulados de López Obrador fue definir la llegada de su movimiento al poder como la Cuarta Transformación (4T) de la vida pública4. Para él, este cambio representó un quiebre con el modelo neoliberal. Pero, más allá de lo profunda o no que haya sido dicha ruptura, lo cierto es que AMLO fue atacado sin tregua por la élite neoliberal, incluidos quienes controlaban los principales medios de comunicación en México.

En este sentido, las mañaneras representaron la plataforma mediática mediante la cual AMLO reforzaba su autoridad, en clara oposición a los medios de comunicación que habían fungido, hasta antes de 2018, como aparatos ideológicos encargados de legitimar o deslegitimar la figura presidencial en turno.

Por otro lado, Becker analiza en su texto Media and the ritual process el papel de los medios de comunicación en la construcción de rituales. Allí señala la manera en la que estos organizan el tiempo y el espacio para reforzar los valores compartidos y crear comunidades simbólicas.

Siguiendo a esta autora, las mañaneras de AMLO disputaron a los medios de comunicación esa potencia ritualística. La confrontación con la élite de los medios de comunicación no fue sólo discursiva ni de agenda, sino que entrañó la posibilidad de organizar el tiempo y el espacio mediáticos, reforzar valores compartidos y crear comunidades simbólicas. Se logró, así, instaurar un nuevo sentido común: un consenso alrededor de la 4T que cimentó una dirección y dominación, en términos gramscianos, hegemónica. De este modo, las mañaneras se convirtieron en un ritual mediático con un potencial similar —pero de mayor alcance y repetición— al que años antes habían tenido el Zócalo y las constantes movilizaciones obradoristas en las calles. 

Organización del tiempo y el espacio

Las conferencias de AMLO comenzaban a las 7:00 y se extendían, por lo general, hasta las 10:00. Más de 100 mil personas seguían simultáneamente la mañanera a través de diversas plataformas sociodigitales mientras desayunaban o se preparaban para sus actividades diarias. Además, gracias a que el contenido permanece alojado en la red, era común encontrar a personas en el transporte público escuchando la sesión en diferido. Por ello, las conferencias no sólo impusieron la agenda que habría de discutirse entre colegas, sino también la de los medios de comunicación, tanto corporativos como alternativos. ¡La mañanera terminó por reorganizar el tiempo y el espacio mediáticos!

Reforzamiento de valores compartidos

Gracias a su constancia, las mañaneras ayudaron a reforzar los valores compartidos de su audiencia. Y aunque los temas abordados y las preguntas hechas por los periodistas fueran muy diversas, la conducción de AMLO fue fundamental, pues el expresidente siempre sacaba a colación los valores de su movimiento mediante frases que fueron repetidas cientos de veces y se convirtieron en sentido común —“por el bien de todos, primero los pobres”,  “no mentir, no robar, no traicionar”, “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”—, buscando elaborar el consenso mediante un lenguaje popular que hizo que mucha gente se sintiera identificada y realmente representada.

Creación de comunidades simbólicas

De acuerdo con Becker, los eventos transmitidos por los medios de comunicación tienen la capacidad de crear comunidades simbólicas. Las «mañaneras» crearon dichas comunidades a través de todo el país, permitiendo que una persona en Tijuana estuviera en sintonía con otra en Tapachula. Así lo demostró la última conferencia de AMLO: la más vista de las 1,438 transmitidas, con casi dos millones de vistas en YouTube —plataforma donde permanece disponible—  y cerca de 10 mil comentarios, entre los cuales destaca, con más de 1000 likes, el de un usuario de nombre @jehrndz: «¡Que emoción! ¡Nos tocó vivir tiempos estelares! NUNCA HUBO TANTO AMOR AL PUEBLO EN UN SOLO CORAZON. Lo extrañaremos presidente AMLO. Usted tiene razón, ya no se pertenece: se queda en el corazón de la gente y la historia universal. Su leyenda continua […] Gracias por todo» [sic].

Este simple gesto nos muestra la existencia de una comunidad simbólica de personas que se reunía en dicho espacio mediático para expresar emociones y afectos que, a su vez, generaban reacciones similares en otros usuarios.

En El poder en escenas, Balandier señala que el drama constituye una reserva de imágenes, de símbolos y de modelos de acción que permite emplear una historia idealizada, construida y reconstruida según las necesidades del poder actual (1994:19). «Es por su fuerza dramática que el héroe es reconocido […] La sorpresa, la acción, el éxito son las tres leyes del drama que le otorgan existencia» (1994:19). El comentario aludido puede entenderse en ese sentido, pues la emotividad que propició la última mañanera camina en sintonía con el hecho de que el propio presidente señaló su retiro de la vida pública y política de México, por lo que la gente sabía que estaba viendo casi por última vez a Andrés Manuel López Obrador. Por si fuera poco, se pudo observar al presidente conmovido y al borde de las lágrimas. El drama, de acuerdo con Balandier, es la capacidad de crear afectos que favorecen la identificación del representado con el representante, y, en este sentido, varias de las mañaneras de AMLO generaron estos efectos de identificación, así como la creación y el reforzamiento de una comunidad simbólica.

La mañanera como ritual de transformación

Kertzer señala que a través del ritual los revolucionarios intentan forjar una nueva base de lealtad política. ¿Son las mañaneras parte de un ritual mediatizado de la revolución? Sin duda las mañaneras intentaron forjar y fortalecer una base de lealtad política, pero, ¿la llegada de AMLO representó una revolución de la cual las mañaneras fueron una parte ritualística? 

De acuerdo con Enrique Dussel, la noción de “transformación” se encuentra entre el binomio propuesto por Rosa Luxemburgo en su texto ¿Reforma o Revolución?. Para el filósofo, la pregunta correcta sería: ¿reforma, transformación o revolución?, según la cual la transformación «sería ya un cambio de las estructuras, en vista de un futuro cambio más profundo que sería una revolución» (2019:119).

Con base en lo anterior —y si bien la 4T no fue una revolución—, el hecho de que el gobierno de AMLO se haya propuesto una transformación lo obligó a crear ritos políticos que, al mismo tiempo que lo distinguieran de la clase política neoliberal, justificaran la “transformación”.

Cuando Kertzer analiza los ritos de la Revolución Francesa, hace referencia a la decapitación de los enemigos en la plaza pública (1988:159). Uno de los señalamientos dirigidos a las mañaneras de AMLO era que, a través de ellas, se fustigaba de manera “furiosa” a sus críticos, difamándolos y calumniándolos5. Según Kertzer, «el ritual de la Revolución Francesa fue diseñado no solo para exaltar sino para instruir, no sólo para crear solidaridad sino para infundir terror» (1988:159). Las críticas a las mañaneras de AMLO se asemejan a lo que Kertzer identifica como parte de los ritos de la Revolución, ya que estas constituyeron la plataforma predilecta de presión en contra de los opositores a la 4T: un patíbulo para “descabezar” a sus opositores.

Kertzer señala que la lucha política también se libra, al menos en parte, a través del ritual. Para el autor, el ritual de la Revolución Francesa:

[…] fue necesario para definir las organizaciones políticas y para que los individuos se identificaran con ellas. Se empleó para legitimar un régimen completamente nuevo y deslegitimar el antiguo régimen, para mistificar una dictadura emergente con símbolos de democracia, y para crear solidaridad entre personas que tenían concepciones muy diferentes sobre el propósito de todo este proyecto. Los ritos no sólo expresaban percepciones populares preexistentes sobre las relaciones e instituciones políticas adecuadas; también desempeñaron un papel fundamental en la creación de estas percepciones e ideales (1988:160).

La mañanera de AMLO cumplió con varias de estas funciones, sirviendo: 1) para que los individuos se identificaran con la 4T; 2) para legitimar un régimen que llegó al poder oponiéndose al antiguo y 3) para deslegitimar a “los gobiernos neoliberales”. De acuerdo con el propio gobierno de AMLO la mañanera fue un «diálogo circular de auténtica comunicación con los medios de comunicación», lo que representa un “símbolo de democracia”. Además, como ya fue señalado con anterioridad, creó solidaridad entre personas que tenían concepciones distintas sobre lo que debería de significar la 4T. Siguiendo el paralelismo con Kertzer, la mañanera expresaba percepciones populares preexistentes sobre las relaciones e instituciones políticas adecuadas, al tiempo que desempeñaron un papel fundamental en la creación de estas percepciones e ideales.

Ello fue posible porque, si bien el acto de mirar las mañaneras se solía reducir a una experiencia privada, la cantidad de reproducciones convertían a cada una en una experiencia colectiva. Tal como lo señala Becker: la función del evento, una vez arraigada la experiencia ritual, se vuelve política. Esto, a su vez, posibilitó el fortalecimiento en cuanto a las características del ritual político.

Las mañaneras fueron pensadas «como un espacio de diálogo circular con los medios de comunicación»; en dicha afirmación está implícita la presencia de todos los medios, lo que contribuyó a la legitimación del evento y a acrecentar su importancia6. De acuerdo con Becker, los medios desempeñan un papel crucial en la forma en la que los eventos rituales se acumulan y, con ello, adquieren una nueva significación en el tiempo. Es en este sentido que habría que considerar el impacto de las plataformas digitales: los videos de la mañanera de AMLO almacenados en YouTube constituyen un archivo del evento ritual reiterativo que representaron las mañaneras a lo largo de su sexenio. Entendida así, la mañanera representaría el evento ritual por excelencia de la 4T: su repetición y cotidianidad afirmaría la “continuidad y estabilidad del orden social” (1994:643).

CONCLUSIÓN

Las mañaneras fueron una extensión de los mítines y asambleas que AMLO realizaba en el Zócalo de la Ciudad de México cuando era opositor. La posibilidad de ocupar un espacio de gobierno para hablar a diario frente a cientos de miles de personas que se conectaban para escucharlo no fue desaprovechada. Si bien López Obrador siguió ocupando el Zócalo como lugar simbólico en fechas especiales, las mañaneras fueron más allá. Lejos de ser sólo un ejercicio de diálogo circular con los medios de comunicación, se convirtieron en un ritual de la 4T mediante el cual se forjaron y fortalecieron valores compartidos y comunidades simbólicas, al tiempo que organizaban el tiempo y el espacio tanto de sus audiencias como de los propios medios de comunicación.

En tanto ritual de la transformación, las conferencias mañaneras se emplearon para legitimar un régimen “honesto” y “popular” que rompía con los anteriores gobiernos al deslegitimarlos y tacharlos de “corruptos” y “neoliberales”, justificando un “gobierno del pueblo y para el pueblo” y teniendo como principales “símbolos de democracia” los principios que guiaron las políticas públicas del sexenio de AMLO. Las mañaneras sirvieron también para crear y reforzar la solidaridad entre simpatizantes que a diario las escuchaban, aunque estas audiencias fueran diversas y tuvieran demandas, problemas y orígenes muy distintos. La mañanera expresó las percepciones populares que López Obrador recogió y condensó a lo largo de su trayectoria sobre las relaciones e instituciones políticas y, sin lugar a dudas, desempeñaron un papel fundamental en la creación de las percepciones e ideales de la llamada Cuarta Transformación.

Las mañaneras tuvieron 1,355,450,183 vistas (mil trescientos cincuenta y cinco millones cuatrocientas cincuenta mil ciento ochenta y tres), lo que representa, quizá, el ritual político más visto de la historia.

Bibliografía

Balandier, G. (1994). El poder en escenas. Paidós.

Becker, K. (1995). Media and the ritual process. SAGE.

Dussel, E. (2019). ¿Reforma, transformación o revolución? En El cambio democrático en México. Siglo XXI editores.

Liguori, G., Modonesi, M., y Voza, P., (Eds). (2022). Diccionario Gramsciano (1926-1937). UNICApress.

Kertzer, D. (1988). Ritual, politics and power. Yale University.

Signalab. (2024, 10 de octubre). El país de las mañaneras. https://signalab.mx/2024/10/10/lel-pais-de-las-mananeras/ 

  1. Licenciado en Ciencias Políticas por la UAEMéx. Realizó un intercambio académico en la Universidade de São Paulo. Ha trabajado como investigador en el Gobierno Federal. Actualmente, es estudiante de la Maestría en Comunicación y Política en la UAM- Xochimilco y desarrolla la investigación “La conferencia mañanera de AMLO: la lucha política e ideológica ante una nueva hegemonía”. ↩︎
  2. En palabras del propio canal de la plataforma de YouTube de López Obrador, las conferencias matutinas pretendieron ser un espacio de diálogo circular con los representantes de los medios de comunicación: a través de las “conferencias de prensa matutinas”. ↩︎
  3. Signa_Lab (2024). Inicio.  Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente. Disponible en: https://signalab.mx  ↩︎
  4. Las tres anteriores serían: 1) la Independencia; 2) la Reforma; y 3) la Revolución Mexicana. ↩︎
  5. Krauze , E. (2023). Los fastidiosos críticos de AMLO. Disponible en: https://enriquekrauze.com.mx/los-fastidiosos-criticos-de-amlo/  ↩︎
  6. Aunque aquí cabe señalar que la posibilidad de ser transmitidas por un canal propio de en una plataforma digital como YouTube —que además fue el lugar en el que estas conferencias tuvieron mayor audiencia— cambia totalmente la intención, pues más bien, se infiere que más que para los medios de comunicación, las conferencias fueron pensadas para ser vistas-escuchadas por una audiencia más allá de los medios tradicionales que, sin embargo, continúa consumiendo contenido audiovisual de la forma en la que se consumía en la televisión; de allí la disposición específica de las cámaras en el salón de tesorería de Palacio Nacional, por ejemplo. ↩︎