Cinco lecciones de Michael Parenti

Carlos L. Garrido1

El 24 de enero el mundo fue sacudido por la noticia del fallecimiento de Michael Parenti. Los ideólogos de la clase dominante no tardaron en arrojar montones de tierra sobre su tumba. El New York Times publicó rápidamente un artículo condenando su “defensa de regímenes brutales”, con lo cual se referían, por supuesto, a su ferviente defensa de lo que se denomina “socialismo realmente existente”: el socialismo que existe en el mundo real y no en las mentes de izquierdistas idealistas occidentales. Algunos sectores de la izquierda compatible y proimperialista hicieron eco de este panfleto burgués de la clase dominante, destacando las críticas de Parenti a la propaganda de atrocidades que legitimó el bombardeo indiscriminado de Yugoslavia y la balcanización del país.

Pero para los comunistas, para los marxistas-leninistas y los antiimperialistas, la muerte de Michael Parenti marcó la partida de uno de los académicos más íntegros del último cuarto del siglo XX y la primera década del XXI. No sería hiperbólico llamarlo el fallecimiento del académico marxista angloparlante más influyente de la era contemporánea. Para mí, así como para muchos en el Partido Comunista Americano, la obra de Parenti fue nuestro fundamento. Todos somos —como Marx dijo alguna vez de Hegel— discípulos declarados de esa figura colosal, Michael Parenti.

Este ensayo busca destacar las cinco principales lecciones que debemos extraer del vasto corpus de la obra del Dr. Parenti.

1– Crítica de los medios de comunicación

La obra de Michael Parenti surgió en un momento en que toda una industria había emergido para abordar críticamente el desarrollo de los medios de comunicación de masas. Desde la Escuela de Frankfurt hasta Guy Debord, pasando por Niklas Luhmann y Jean Baudrillard, hasta Noam Chomsky y Edward Herman, diversas corrientes críticas intentaron comprender la función de los medios en la sociedad capitalista moderna. Parenti intervino en este debate con una de las obras seminales sobre los medios de comunicación: Inventing Reality: The Politics of News Media.

En el núcleo de la cuestión de los medios, como todos los marxistas saben, se encuentra el tema de la ideología y de las instituciones, prácticas y rituales en los que ésta se encarna. Para Parenti, los medios no eran la institución neutral y “objetiva” que pretendían ser. Los medios de masas han estado siempre cargados políticamente en la medida en que operan dentro de los antagonismos de clase existentes y funcionan firmemente para defender los intereses de la clase dominante. No se limitan simplemente —como pensaban Chomsky y Herman— a filtrar información de manera distorsionada para “fabricar consenso”.

La perspectiva de Chomsky y Herman, que se ha vuelto estándar en el discurso izquierdista estadounidense, resulta superficial en comparación con la de Parenti. Su postura presupone de manera ingenua que tenemos una relación espontánea y correcta con la realidad, y que los medios intervienen desde fuera para distorsionar nuestra perspectiva —para “fabricar consenso”. Aquí, la fabricación de consenso aparece como una imposición externa de los medios sobre lo que se da por supuesto como una relación directa y correcta entre el sujeto y el objeto del conocimiento.

Tal ingenuidad ignora la operación más profunda en juego: antes de que el consenso pueda ser fabricado, ya debe existir una realidad que ha sido inventada (o fabricada), una realidad que crea el mundo de fondo dentro del cual podemos aceptar los supuestos de los eventos independientes de “fabricación de consenso” que Chomsky y Herman señalan.

Por ello, es importante contrastar la contribución de la crítica mediática de Parenti con la de Chomsky. En la obra de Parenti hay un nivel más profundo de comprensión de cómo el capitalismo siempre-ya moldea nuestra subjetividad, fabricando una “realidad” en la cual sus presupuestos, valores, su “sentido común y sentimientos”, son aceptados sin cuestionamiento. Para Parenti, los medios son una de las instituciones cuya función es dar forma al mundo que el capitalismo inventa para nosotros. No se limitan a fabricar consenso para eventos específicos: fabrican todo el aparato mediante el cual entendemos cómo es el mundo mismo y, en consecuencia, cuál es nuestra posición dentro de él.

Lo que se fabrica, por tanto, no es simplemente el consenso para guerras particulares. Lo que se fabrica es el mundo mismo: nuestra comprensión integral de la realidad y nuestra identidad dentro de ella. Imaginemos, por ejemplo, a un revolucionario cubano recibiendo la misma narrativa que se utilizó para fabricar consenso para la guerra en Irak. Es evidente que tal “fabricación de consenso” sería infructuosa. Este ejemplo sencillo destaca el punto más profundo en juego en la obra de Parenti: la fabricación de consenso sólo puede funcionar si ya se ha fabricado una realidad en la cual las justificaciones y razones ofrecidas para fabricar consenso respecto a cualquier evento específico puedan considerarse racionales y coherentes.

No creemos que sea una coincidencia que el pensador que captó esta dimensión más profunda en la que operan la ideología —y los medios— sea también el que logró romper verdaderamente con el corsé anticomunista que define fundamentalmente todos los aparatos ideológicos del Estado. Chomsky, por supuesto, permaneció toda su vida dentro de lo que Parenti llamó el “anti-comunismo de izquierda”, sin lograr ver cómo, a pesar de sus críticas, el mundo que habitaba y comprendía como realidad en sí era profundamente burgués; es decir, construido a partir de los prejuicios, valores, prácticas, hábitos, creencias, sensibilidades, incentivos, etc., necesarios para la reproducción de la forma de vida capitalista-imperialista. Su hybris de pensar que había escapado de tal situación al señalar cómo somos engañados para apoyar guerras funciona precisamente como un componente de permanecer dentro del mundo burgués. Es como si la cueva de Platón contuviera una falsa salida que hunde aún más profundamente al esclavo “libre” en la ilusión. La profundidad aumenta todavía más por el hecho de que uno cree haber escapado.

2 – Epistemología crítica de la subjetividad revolucionaria

Habiendo comprendido que en Parenti existe el reconocimiento del nivel más profundo en el que la ideología capitalista estructura lo que entendemos por realidad, cualquier aceptación ingenua de las narrativas dominantes y de los puntos de conversación del establishment sería un gran acto de necedad. El individuo que entiende que existe en un mundo que ha sido inventado a través de las formas espectaculares de un conjunto de instituciones burguesas es, fundamentalmente, incapaz de tomarlas al pie de la letra en cualquier asunto.

El individuo atravesado por esta subjetividad revolucionaria opera con una epistemología incesantemente crítica. Nada de lo que recibe de las instituciones establecidas permanece sin someterse a un procedimiento crítico. Siempre se adopta una actitud escéptico-crítica frente a las narrativas proporcionadas por las instituciones dominantes. Esto es lo que se entiende por una epistemología crítica: las formas de “conocimiento” que nos ofrecen estas instituciones son siempre observadas con sospecha, ya que quienes están atravesados por la subjetividad revolucionaria comprenden que la función última de todo aquello que el orden burgués y sus instituciones presentan como “conocimiento”, “ciencia”, “verdad” o “bien” está orientada a reproducir la realidad inventada y, por ende, la forma de vida misma.

La obra de Parenti está guiada por esta epistemología crítica que desentierra las distorsiones e ilusiones que subyacen a la “realidad” que se nos presenta. No hubo instancia alguna —por problemática que fuera socialmente sospechar de ella— que Parenti no sometiera a interrogación crítica. Desde la figura de Julio César, hasta la historia de la civilización cristiana después del siglo III; desde el asesinato de John F. Kennedy, hasta la propaganda fabricada de atrocidades sobre un supuesto “genocidio” en la Yugoslavia de los años noventa; y finalmente, la gran conspiración en torno a los supuestos fracasos, crímenes e inutilidad del socialismo realmente existente. En todos estos ámbitos, por impopular que fuera cuestionarlos —incluso a menudo entre los llamados izquierdistas como Chomsky y compañía—, Parenti se encontró desmantelando las premisas fundamentales y todo el artificio de la realidad y las narrativas elaboradas por el orden dominante.

Antes de las “contra-historias” de Domenico Losurdo, Parenti ya estaba escribiendo las suyas propias. Aunque quizá incluso esa clasificación banalice lo que está en juego en su obra. No se trata simplemente de otra historia contada. No hay igualdad epistémica entre las historias relatadas por Parenti y las versiones estándar que sometió a un procedimiento crítico. Una se basaba en mentiras, distorsiones e ilusiones diseñadas para inventar una nueva realidad en lugar de aquella que se sitúa radicalmente en oposición a la forma de vida burguesa. La otra se basaba en exponer ese fraude y abrir para nosotros un horizonte desde el cual romper la red conceptual y narrativa —la realidad inventada— que hemos sido adoctrinados a tratar como el mundo en sí. Una se situaba del lado de la verdad; la otra, como su enemigo feroz. Una se situaba —para decirlo en los términos empleados por Boris Groys— del lado de la filosofía; la otra, del lado del sofismo. Una resaltaba la contradicción, el cambio, el contexto, etc. La otra buscaba defender el orden establecido por cualquier medio necesario —como los sofistas cuyo propósito no es una ascensión dialéctica hacia la verdad, sino utilizar la retórica para ganar debates.

Parenti se situó firmemente dentro de la tradición de los “maestros de la sospecha”, en su forma más consecuente como epistemología crítica. Nada de lo que el orden dominante presentaba como hecho era aceptado como dado. Todo lo que se decía era examinado con sospecha, pues todo lo dicho llevaba consigo el peso político de someter al sujeto receptor a los dictados de la forma de vida burguesa.

3 – Defensa del socialismo realmente existente

El mayor “crimen” de Parenti —aquello que finalmente lo vetó en la academia, como recientemente señaló su hijo Christian Parenti— fue haber roto verdaderamente con el molde anticomunista dominante de la academia macartista. Nos conviene recordar, como señaló Parenti en Blackshirts and Reds, quizás el texto por el que es más conocido, que no todos los anticomunismos son iguales. El anticomunismo de Chomsky no es el de Bush. Pero todos comparten el hecho de que condenan, difaman, desacreditan, minimizan y atacan las experiencias de los proyectos socialistas del mundo real.

Parenti, aun permaneciendo siempre dialécticamente crítico de las limitaciones, contradicciones y errores previsibles que estos proyectos bajo asedio desarrollarían, los defendió, sin embargo, como avances genuinos en soberanía, dignidad y bienestar para las masas trabajadoras. Destacó los enormes avances —en educación, salud, vivienda, reducción de la pobreza, desarrollo de infraestructura, etc.— logrados por los países socialistas, desde la URSS hasta China, Cuba, Laos, Vietnam, la RDA, entre otros. Estos fueron triunfos hercúleos de Estados sometidos a una guerra híbrida incesante y brutal por parte de los imperios más grandes de la historia humana.

Parenti rechazó lo que llamó el “socialismo puro” de la izquierda occidental, que operaba como si el socialismo pudiera desarrollarse en un mundo que ya se hubiese librado de los peligros del capitalismo-imperialismo. Para Parenti, el socialismo siempre estuvo obligado a desarrollarse bajo condiciones de asedio, de tal modo que, sin tener en cuenta el contexto del imperialismo y el subdesarrollo, las críticas y condenas de los izquierdistas infantiles son poco más que expresiones de lo que he denominado el “fetichismo de la pureza”: una cosmovisión que exige que la realidad se ajuste a la pureza de la propia idea y que, cuando no lo hace, condena a la realidad misma.

Este es el marco que subyace a los lamentos de los izquierdistas occidentales que afirman que el socialismo en el mundo real “no es socialismo real”, mientras que su concepción idealista del socialismo —derivada de una lectura dogmática de las obras clásicas de Marx y Engels— sí lo sería. En mi propio trabajo, Parenti, junto con Lenin y Losurdo, sigue siendo uno de mis fundamentos intelectuales centrales para la formulación y crítica del fetichismo de la pureza de la izquierda occidental.

4 – Defensa del patriotismo socialista, crítica del superpatriotismo

Las mismas instituciones que inventan la realidad y elaboran las prácticas ideológicas que mantienen a las personas dentro del mundo inventado fueron también las que desarrollaron una “izquierda” antiamericana: una izquierda que parecía abrazar con gusto las calumnias macartistas contra las que generaciones de comunistas habían luchado arduamente. Era una izquierda que condenaba a Estados Unidos como algo singularmente maligno, que hablaba del socialismo como la abolición de Estados Unidos en cuanto tal, y que rutinariamente quemaba la bandera en sus protestas. Era, en otras palabras, una izquierda que reducía de manera antidialéctica a Estados Unidos a la historia de su clase dominante y sus diversos crímenes.

En medio de esta “izquierda” fabricada, que buscaba hacer el socialismo lo menos atractivo posible para los trabajadores estadounidenses comunes, Parenti afirmó que el patriotismo del socialista no tiene parangón. Como escribió en Patriotism and Super-Patriotism, el patriotismo chauvinista, militarista y de “mi país es el número uno” de la clase dominante es vacío: no contiene un contenido patriótico real. No se preocupa por el país, sus tradiciones culturales singulares, su tierra y su pueblo; sólo se preocupa por defender y legitimar las narrativas de la clase capitalista dominante, especialmente en todo lo relacionado con la guerra y el imperio.

El falso superpatriotismo de la clase dominante capitalista —el patriotismo de los espectáculos del Super Bowl— es en realidad una forma de antipatriotismo: una manera de defender los intereses del imperio en detrimento de los intereses de la república y de su pueblo. El imperio, como él solía decir, siempre se alimenta de la república.

Parenti nunca dejó de señalar cómo el imperialismo estadounidense nos afecta a nosotros —al público estadounidense— en casa. A diferencia de los ultraizquierdistas que aceptan una variación maldita de la economía del “goteo hacia abajo”, Parenti no creía que los trabajadores estadounidenses se beneficiaran del imperialismo. Por el contrario, el pueblo estadounidense también es víctima del imperialismo: nosotros pagamos los costos generales de su funcionamiento, y son nuestros hijos, hermanos, padres y tíos quienes son enviados a morir, a quedar mutilados o a sufrir trastorno de estrés postraumático luchando contra personas con las que tenemos más en común que con los parásitos ricos que nos enviaron allí y que se beneficiaron de las desgracias de ambos.

Parenti siempre buscó recordarnos que no hay nada incompatible entre el socialismo y la trayectoria civilizatoria singular de Estados Unidos y sus valores democráticos y republicanos. La verdadera América, para Parenti, era la América del trabajador que lucha por un gobierno que sea realmente del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Ser socialista en Estados Unidos, para Parenti, es ser un verdadero patriota: patriota en contenido, y no sólo en forma. Patriota en esencia, y no simplemente en apariencia.

Un mensaje así no podría ser más importante hoy, cuando Estados Unidos enfrenta crisis integrales sin precedentes.

5 – Compromiso socrático con el principio

Mucho antes que Patrick Henry, Sócrates ya había afirmado su disposición a mantenerse fiel a sus principios, incluso si ello implicaba una muerte prematura. El espíritu de Sócrates es un espíritu revolucionario: es el espíritu de la verdadera filosofía, un espíritu que hoy atraviesa una crisis doble. Parenti se encontraba firmemente arraigado en esta tradición socrática de la filosofía: se situó con valentía del lado de la verdad, aunque ello implicara grandes sacrificios.

Pocos académicos en la historia moderna de Estados Unidos han sido tan talentosos como Parenti. Provenía de una familia trabajadora. Su padre apenas sabía leer. Y, sin embargo, obtuvo un doctorado en Yale —tan Ivy League como puede serlo. Parenti podría haber sido un comentarista del régimen dominante. Podría haber instrumentalizado su identidad para defender el sistema, para destacar cómo, viniendo de la nada y llegando tan lejos, el capitalismo demuestra ser excelente en ofrecer oportunidades de movilidad social. Y, sin embargo, eligió el camino de la verdad, el camino revolucionario.

Fue un camino forjado en el sacrificio: un camino que lo llevó a ser vetado en la academia. Esto significó no sólo no poder obtener la titularidad, sino también quedar completamente excluido de todos los aparatos asociados a la academia: desde revistas académicas prestigiosas hasta grandes editoriales.

Todos los libros de Parenti están publicados en pequeñas casas editoriales de izquierda, aunque su rigor y valor académico superan con creces cualquier cosa que pueda encontrarse en las más prestigiosas editoriales universitarias. Además de sus libros, una gran parte del legado que Parenti nos dejó quedó inscrita en sus numerosas conferencias públicas. En verdadera forma socrática, la mayor parte de su obra estuvo dirigida a espacios públicos —en forma de conferencias o artículos en medios populares— y no, como es costumbre hoy en la academia, en revistas altamente especializadas y cerradas tras muros de pago.

Aristóteles sostenía que el coraje era la virtud más importante, ya que sin él, en tiempos difíciles es fácil caer en el vicio por conveniencia. Sin coraje, las demás virtudes caminan sobre hielo delgado, susceptibles de convertirse en vicio cuando las cosas se complican. Parenti fue un hombre de coraje: dispuesto a asumir la adversidad si ello significaba seguir diciendo la verdad y colocarse del lado de los explotados, oprimidos y colonizados.

Aquí Aristóteles no se equivoca: para un revolucionario, ninguna virtud es más esencial que el coraje de defender la verdad, que políticamente siempre se sitúa del lado de los pobres y explotados. Parenti nos enseña que para ser un buen marxista debemos estar dispuestos a pasar por el fuego —a ser difamados, atacados, vetados, excluidos— y, aun así, seguir avanzando con dignidad, con la cabeza en alto. Parenti es para nosotros el modelo de académico, el modelo de intelectual comunista. Debemos aprender no sólo de sus textos, sino también de su vida y su modo de ser.

Un hombre o una mujer que no esté dispuesto a sacrificarse como lo hizo Parenti —o incluso en formas mayores— no es digno del título de comunista. Los comunistas son aquellos que se sitúan en la tradición de principios de figuras como Sócrates, Jesús, Müntzer, el Dr. King, el Che, etc., quienes dijeron la verdad al poder incluso al costo más alto de todos: sus propias vidas.

Conclusión

El mundo perdió a uno de los individuos más brillantes y de principios que tuvo. Sin embargo, cuando ocurren eventos como estos, es una necedad pensar que ello implica la muerte del mensaje, de los ideales, del ejemplo que esa persona ofreció al mundo a lo largo de su vida.

Parenti —sus ideas y su vida— yace ahora inmortalizado. Su ejemplo guía el espíritu de nuestros cuadros en el Partido Comunista Americano, quienes buscan continuar el legado de los muchos que han luchado para que Estados Unidos sea verdaderamente una sociedad del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

  1. El Dr. Carlos L. Garrido es un profesor de filosofía cubanoamericano que recibió su M.A. y Ph.D. de la Universidad del Sur de Illinois en Carbondale. Se desempeña como Secretario de Educación del American Communist Party y como Director del Midwestern Marx Institute, el centro de estudios marxista-leninista más grande de los Estados Unidos. El Dr. Garrido ha escrito varios libros, entre ellos Marxism and the Dialectical Materialist Worldview (2022), The Purity Fetish and the Crisis of Western Marxism (2023), Why We Need American Marxism (2024), y dos textos próximos: Domenico Losurdo and the Marxist-Leninist Critique of Western Marxism (2026) y Hegel, Marxism, and Dialectics (2026–7). El Dr. Garrido ha publicado más de una docena de artículos académicos y más de un centenar de artículos en espacios populares en Estados Unidos, México, Cuba, Irán, China, Brasil, Venezuela, Grecia, Perú, Canadá, etc. Sus escritos han sido traducidos a más de una docena de idiomas. También escribe artículos breves para su Substack, @philosophyincrisis, y realiza programas regulares en YouTube para el canal del Midwestern Marx Institute, y su versión de español, Instituto Midwestern Marx.  ↩︎